El Consorcio de la Ciudad de Toledo es el órgano de gestión del Real Patronato, de carácter público, con personalidad jurídica propia y plena capacidad de obrar, creado para buscar la recuperación patrimonial de la ciudad, la difusión de los valores que simboliza, así como para el desarrollo y potenciación de la actividades culturales y turísticas vinculadas a la misma.
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CENTRO DE GESTIÓN DE RECURSOS CULTURALES

 

LAS RUTAS “PATRIMONIO DESCONOCIDO” DESCUBREN “OTRO” TOLEDO

    El Consorcio de Toledo puso en marcha en junio de 2004 sus Rutas “Patrimonio Desconocido”. Se trata de unas rutas que incluyen visitas gratuitas y guiadas a diversos monumentos, yacimientos arqueológicos y otros lugares de singular interés, que han sido recuperados y puestos en valor por el Consorcio de la Ciudad de Toledo y que llevaban años, en algunos casos siglos, sin poder ser visitados.

   Entre los inmuebles que se pueden visitar en estas Rutas “Patrimonio Desconocido” destacan las propias Termas Romanas de Amador de los Ríos, los Baños Árabes de Tenerías, del Cenizal y del Caballel, la torre, el pozo y la mezquita de la plaza de El Salvador, los Salones Islámicos del Cobertizo del Colegio de Doncellas, las Torres de San Román, San Bartolomé, San Cipriano y San Miguel el Alto, parte de las famosas Cuevas de Hércules, el Convento de Santa Isabel y la Cripta del Convento de Concepcionistas.

   Las visitas pueden realizarse individualmente o en grupo. En este último caso es recomendable programar la visita previamente para evitar coincidencias de varios grupos en un mismo día y hora.

   De organizar estas visitas se encarga el Centro de Gestión de Recursos Culturales, abierto por el Consorcio en las propias Termas Romanas de la Plaza Amador de los Ríos. En este importante yacimiento arqueológico, recientemente recuperado por el Consorcio, se ha habilitado una oficina de atención al público que ofrece varias posibilidades.

   Por un lado, la de contemplar los restos recuperados de las propias Termas, siguiendo un recorrido a través de una pasarela de madera situada sobre los distintos elementos, tales como una conducción romana, aljibes medievales, muros prehistóricos y suelos romanos de opus signinum; por otro, reservar día y hora para visitar gratuitamente los inmuebles incluidos en las Rutas “Patrimonio desconocido”, y, finalmente, la de convertirse también en una eficaz Oficina de Atención al Investigador.

   Las Rutas “Patrimonio Desconocido” tienen como objetivo fundamental establecer una conexión entre los ciudadanos y su patrimonio cultural y presentar las actuaciones de recuperación como fuente de conocimiento y, a la vez, como algo vivo y útil para el disfrute de la ciudad.

   Todos los inmuebles incluidos en ellas presentan “otro Toledo”, el Toledo oculto durante siglos que poco a poco va saliendo a la luz. En ellos están representados elementos de diferentes tipos y épocas, que en su momento desempeñaron una importante función y que han pasado a formar parte de nuestra historia. Las recuperaciones de estos inmuebles dan claro testimonio del patente interés del Consorcio de la ciudad de Toledo por la conservación, puesta en valor y disfrute de nuestro ingente patrimonio.

 

Las Termas Romanas de la plaza de Amador de los Ríos

   Conocidos desde el año 1986, los vestigios arqueológicos que se conservan en este lugar nos ilustran sobre la monumentalidad que debió tener la ciudad de Toledo en época romana, trazada y dotada siguiendo el modelo urbanístico imperante en el momento y emanado desde la capital del Imperio: la ciudad de Roma. Así, los restos arqueológicos aquí conservados se convierten en referentes de los sistemas y procesos constructivos empleados en la Ingeniería y Arquitectura romanas de carácter civil, algunos de los cuales, como el empleo del hormigón de cal (Opus caementicium) o el uso del arco formado por dovelas de piedra, supusieron una auténtica revolución tecnológica en la Hispania de la época. Estas innovaciones se encuentran bien representadas en este lugar, contando también con un tramo de canalización o galería abovedada fabricado con Opus Caementicium y un arco formado por dovelas graníticas almohadilladas, que debieron formar parte del suministro de aguas limpias a la ciudad y, en concreto, dadas sus dimensiones, del abastecimiento a los edificios públicos de mayor importancia. Cómo ya hemos indicado, sobre estas estructuras se dispuso un complejo arquitectónico con una funcionalidad exclusivamente balnear o termal. Los restos aquí documentados configuran al menos dos estancias, la primera de ellas mal conocida por el momento, siendo la segunda una estancia rectangular (aproximadamente 12 x 10 m.: 120 m2), cuyo subsuelo fue dotado de un sistema de calefacción (hipocausto) destinado a caldear el alzado de la sala, configurándose como una suerte de sauna o sala cálida (caldarium), básica en el ritual romano del baño y presente en todas las construcciones termales del momento. Las dimensiones de este caldarium, la cuidada planificación de su construcción y los materiales utilizados en su decoración (mármoles, estatuas) nos permiten indicar un carácter público del edificio, levantado, sin ninguna duda, bajo los auspicios del poder Imperial. Por lo que respecta a la cronología de los restos, aunque en su edificación se pueden apreciar dos momentos constructivos claramente diferentes, corresponden a un período situado entre fines del s. I y mediados del s. II d.C. Con el tiempo, el edificio debió arruinarse, siendo afectado y reutilizado por nuevas estructuras levantadas en épocas posteriores, tales como el silo fechado entre los s. XII a XIV; los dos aljibes emplazados en su sector occidental, fechados a partir del s. XVI., o los pilares de hierro que soportan la estructura edificada del actual inmueble, levantado a principios de la década de 1990. Puesta en valor En el año 2002, el Consorcio de la Ciudad de Toledo decide abordar la puesta en valor de estos importantísimos restos arqueológicos dentro de un proyecto global de recuperación de la memoria histórica de la ciudad. En primer lugar se consigue que el inmueble que se encontraba en una situación deplorable, sea cedido al propio Consorcio por un periodo de 25 años, mediante un convenio firmado en septiembre de 2002. Posteriormente, ya en 2003, se abordan las obras de restauración que se estructuran en varias fases. Primero se realiza una profunda investigación arqueológica, planteada como intervención directa en el subsuelo: en segundo lugar, se aborda la reconstrucción parcial de las Termas Romanas para facilitar su comprensión, y, por último, se lleva a cabo la adecuación del espacio para que sirva de Oficina de Atención al Ciudadano y en especial al investigador, uniendo la revalorización del Patrimonio y la utilidad funcional en un solo inmueble.

 

Las cuevas de Hércules

El solar que alberga las llamadas Cuevas de Hércules (callejón de San Gines, 3) presenta una rica historia arquitectónica, en cuanto ha sido ocupado por distintos edificios a lo largo de la historia: en época romana se había construido aquí un depósito de agua para el abastecimiento de la ciudad, que formaba parte de la red hidráulica romana de Toletum. Posteriormente, ya en época visigoda, parece que sobre el depósito de agua se levantó un templo cristiano. Después una mezquita. Más tarde, probablemente en el siglo XII, un nuevo templo se construyó en el mismo lugar, dedicado a San Ginés, sede de la parroquia homónima.

Con  respecto a la cisterna romana (depósito de agua) se han obtenido nuevos e interesantes datos. La investigación ha podido constatar que el depósito fue construido en torno a la segunda mitad del siglo I d.C. con forma rectangular, de 6,00 m. de ancho por al menos 11,50 m. de largo y 4,00 de alto. Estaba realizado con pequeñas piedras cogidas con una fuerte mezcla de cal yeso y arena (opus caementicium) y revestido en su interior con un cemento hidráulico especial (opus signinum).

En un momento posterior, todavía por establecer (aunque siempre en el marco de la época romana), la construcción original fue parcialmente revestida en su interior con grandes sillares de granito y dividida en dos en sentido longitudinal por medio de tres grandes arcos igualmente de granito. Sobre las dos naves resultantes, comunicadas entre si por medio de los arcos, se construyeron sendas bóvedas con bloques de caliza blanca (sólo una de las dos naves es propiedad del Consorcio).

Como se sabe, las cuevas de Hércules han dado lugar a múltiples leyendas, recogidas ya en textos medievales. Según estos, las cuevas serían oquedales naturales, a las que Hércules, fundador de la ciudad, habría dado una estructura arquitectónica para instalar allí sus palacios, donde se practicaban artes mágicas y nigromancia.

Otras leyendas las relacionan con la desaparición del reino visigodo a manos de los árabes, pues habría sido el mismo Hércules quien, con sus dotes adivinatorias, dejó en un cofre cerrado la profecía de la destrucción del reino visigodo, dejando explicito que cada rey pusiera un candado más. Pero fue la curiosidad o codicia del rey Don Rodrigo quien abrió el cofre y puso en marcha la maldición de la profecía, perdiendo su reino en manos del Islam y quedando destruido el palacio por fuerzas sobrenaturales, del que sólo quedaron las cuevas. La asociación de los sótanos de San Ginés con las legendarias Cuevas de Hércules se produce en el siglo XVI y la primera exploración (en parte fallida) se debe al cardenal Siliceo.

 

 

La casa del Judío

La Casa del Judío está situada en el corazón de la judería toledana. Los dos espacios que generan mayor interés en el interior del inmueble son el patio, que conserva multitud de yeserías, y, sobre todo, el sótano, que posiblemente fuera un baño litúrgico judío o miqva, cuya función era la purificación espiritual y preparación para algún suceso importante en la vida de un judío. Durante su restauración se han descubierto en estancias adyacentes enfoscados hidráulicos a la almagra y un aljibem que ayudan a apoyar la teoría sobre su uso.

Otro elemento de gran relevancia para su estudio arqueológico es una pieza de madera utilizada como dintel de acceso al sótano, donde se puede observar el trabajo de tallado con motivos florales, a base de tímpanos y roleos, acompañando un repertorio epigráfico cuya transcripción dice: “Gracias Te doy, porque me has respondido”; texto relacionado con el versículos 21 del salmo 18: “Aquí está la puerta de Yahveh, por ella entran los justos. 21 gracias Te doy, porque me has respondido, y has sido para mí la salvación”, que da la bienvenida a todos aquellos fieles y puros al interior de la casa.

En general, la intervención del Consorcio de Toledo ha dejado vislumbrar una vivienda cuyos orígenes se pueden datar en los siglos XIV-XV con reminiscencias mudéjares y posibles usos litúrgicos hebreos, acompañada con adaptaciones y transformaciones en los siglos posteriores, poniéndose un mayor énfasis en el siglo XVIII y XIX.

La leyenda dice que esta casa perteneció al judío Ishaq, quien prestó dinero a la reina Isabel la Católica a cambio de sus joyas para financiar el viaje en el que se produciría el descubrimiento de América.

 

 

 

Los restos romanos de la calle Nuncio Viejo, 19

   La intervención llevada a cabo por el Consorcio de Toledo ha pretendido la adecuación y puesta en valor de este recinto situado en los sótanos de la Calle Nuncio Viejo y de los elementos constructivos que los conforman. Se trata de un sistema de muros y bóvedas que datan, según los estudios arqueológicos practicados, de época romana. En el entorno de estos sótanos se encuentran dos de los restos romanos de mayor importancia hallados en la ciudad, las termas romanas y las cisternas de la red de distribución de agua de los sótanos de la Delegación de Hacienda. La puesta en valor, además de la intervención directa sobre los citados elementos constructivos, basada en su restauración, se ha llevado a cabo buscando la posibilidad de su exposición al público, haciéndola viable a través de un recorrido que acerca los elementos de interés, facilitando la observación y creando un ambiente que resalta los valores espaciales que el recinto potencialmente poseía. Los nuevos elementos constructivos y las instalaciones introducidas ahora para lograr tal fin, se han basado en parámetros de sencillez, actualidad arquitectónica y diferenciación formal con los restos preexistentes, buscando su integración en el conjunto, pero respetando a su vez, y en todo momento, el orden jerárquico primordial hacia aquéllos. Durante la actuación de puesta en valor se creó un recorrido de doble entrada que comunica los tres espacios abovedados a través de una pasarela. La entrada se realiza a través de unos escalones ejecutados en chapa de acero sobre estructura auxiliar de perfiles laminados también de acero. Este tramo de escalones conduce a una pequeña plataforma de tablero de madera sobre el mismo tipo de estructura metálica que permite una cisión global del primero de lo espacios abovedados. La estructura metálica de pasarelas y escaleras se va apoyando sobre pequeñas soleras de cal hidráulica. La plataforma se comunica a su vez con la rampa que ya nos lleva a la pasarela de unión con las restantes bóvedas, formada por piezas de piedra artificial sobre estructura metálica. En las dos entradas se colocaron puertas de vidrio templado. La iluminación a base de proyectores colocados sobre el suelo, persigue la atmósfera tamizada y tenue que se estima apropiada para las características del espacio que se observa. Todo el suelo que no presenta restos arqueológicos se cubre con una capa de grava marmórea que aporta una textura de acabado al nivel inferior del conjunto.

 

Convento de Santa Isabel (Patio de la Enfermería)

   En 1477 se fundaba en Toledo un segundo convento de religiosas franciscanas bajo la advocación de Santa Isabel de Hungría, una de las personalidades más relevantes de la Orden seráfica. El nuevo monasterio fue obra de una dama toledana emparentada con los Reyes Católicos, doña María Suárez de Toledo. La ayuda de los Reyes Católicos para la creación del nuevo monasterio fue fundamental, puesto que don Fernando le cedió las casas principales de Toledo, en la colación de San Antolín, que había heredado de su madre Juana Enriquez. Las obras palaciegas medievales conservadas en la clausura son de estilo mudéjar, y de especial relieve son las yeserías y las armaduras de madera. Entre las primeras destacan las contiguas al claustro de los naranjos, al claustro de los Laureles y al Patio de la Enfermería. El patio recientemente restaurado por el Consorcio de la Ciudad de Toledo es el de la Enfermería. Este patio constituye el núcleo central del palacio edificado por Don Pedro Suárez de Toledo, hijo de Don Diego Gómez y Doña Inés de Ayala. Esta identificación se ha hecho gracias a la decoración heráldica que aparece en el alfarje de la galería baja del patio (El castillo de los Toledo y los cuatro lobos pasantes de los Orozco). La cronología la fija Martínez Caviró entre 1374 y 1375. Las habitaciones de este palacio se distribuyen en torno al patio de planta ligeramente rectangular definido por columnas de ladrillo de planta octogonal. En planta baja se conservan tres yeserías que dan acceso a los salones localizados en las crujías norte, sur y oeste. La tipología de dos de las tres yeserías es muy común en el mudéjar toledano, siendo el arco angrelado una de sus principales señas de identidad. El tipo de decoración de ambas, tanto del alfiz como del intradós, es vegetal, estimándose su fecha de realización en torno a la segunda mitad del siglo XIV.

 

La Mezquita-Iglesia de El Salvador

   Tradicionalmente se ha identificado este templo con una mezquita, identificación avalada por dos hechos. El primero de ellos y más determinante fue la aparición de una lápida en la Capilla de Santa Catalina. En ella se conmemora la construcción de una nave en el año 1041 (432 H.), si bien es cierto no se indica si se trata de una ampliación del edificio o de la reforma de una nave anterior. El segundo, igual de válido para su identificación, es la referencia fechada en 1159, en la que se indica su conversión al culto cristiano. Desde su conversión a templo cristiano en 1159 hasta nuestros días, el edificio ha sido objeto de innumerables transformaciones, incluidos dos incendios, uno en el siglo XVI y otro en 1822. Fruto de esta última reconstrucción es la actual iglesia. Los trabajos de puesta en valor, si bien tuvieron una primera fase años atrás con la excavación y recuperación del patio de la antigua casa rectoral (de la que se habla más adelante), se han visto ampliados con la intervención en el interior del templo, contemplada dentro del proyecto de obra, excavándose la nave central y la nave del Evangelio, rebajándose una profundidad de 1,50 metros que estuvo marcada por la documentación de la última fase de enterramientos fechados entre finales del siglo XVIII y el comienzo del siglo XIX. Los restos cronológicamente más antiguos que se localizaron durante la excavación, pertenecen al edificio de la mezquita islámica, ubicada en el lugar que ocupa la iglesia actual, son de los siglos IX – XII. Su espacio estaría distribuido en tres naves perpendiculares al muro de quibla. La arquería se sitúa entre la nave central y la nave de la epístola del actual templo. Está compuesta por siete soportes de los que seis son columnas romanas y uno es un pilar visigodo ricamente decorado con escenas de milagros de Cristo y motivos geométricos. Los capiteles y cimacios son romanos y visigodos, reaprovechados. Cabalgan sobre ellos arcos de herradura enjarjados construidos en ladrillo, a excepción de la clave que está formada por un sillar.

 I FASE

   Las obras de rehabilitación y puesta en valor del patio de la antigua casa rectoral comenzaron a finales de mayo del año 2004 y concluyeron en abril de 2005. La intervención del Consorcio de Toledo consistió principalmente en la realización de un estudio arqueológico del recinto, la restauración de los elementos estructurales del mismo (arcos, muros, etc.), la recuperación de los ornamentales (piezas reaprovechadas, capiteles, aljibe, fragmentos decorativos, etc.), la corrección de las afecciones de humedad de la capilla, que es medianera, y, finalmente, en la preparación del conjunto para posibilitar la visita del mismo. En el conjunto nos encontramos con una primera fase de ocupación islámica (S. IX-X), asentada sobre un estrato tardorromano-visigodo, que se corresponde, por un lado, con los restos de un muro y una estructura paralela, con remate semicircular realizada en mortero y pintada de almagra. Sobre las ruinas de estas estructuras se construye la arquería, compuesta por tres columnas con sus respectivos capiteles, dos romanos de la primera mitad del siglo II d. C. y uno visigodo, que sustentan cuatro arcos de herradura, realizados en ladrillo trabado con mortero, enmarcados por alfices y rematados por una cornisa de canecillos, muy parecida a la de la mezquita del Cristo de la Luz, aportando una referencia cronológica en torno al siglo XI. En definitiva, el objetivo primordial de las dos intervenciones ha sido encontrar en el edificio los restos históricos que permitieran hacer una lectura arqueológica e histórica más completa y correcta, y además incrementar el valor artístico y por tanto el interés del conjunto.

 

La Iglesia de San Sebastián

  

   La Iglesia de San Sebastián se localiza en el denominado “Barrio de Curtidores”, dentro del cual se enmarcaría construcciones defensivas como la puerta de bab al- Dabbagin o “puerta de los Curtidores” localizada, muy probablemente, en las cercanías de la iglesia. A través de las fuentes documentales, así como del estudio de muros y la excavación arqueológica realizada durante esta restauración, se ha podido concluir que la actual iglesia de San Sebastián ha sido un edificio con una ocupación continua, desde el siglo X hasta el XX, con una primera fase islámica y una segunda cristiana. Entre los restos arquitectónicos más antiguos que todavía se conservan en el edificio, encontramos parte de un arco de herradura en el muro que separa la nave de la Epístola de la nave de la Capillita, asociado a un aparejo islámico que podría estar relacionado con la fase islámica del edificio. Así mismo, se ha documentado un suelo de baldosas de ladrillos que se adosan al muro islámico a la misma cota que el umbral de la mencionada puerta de arco de herradura. A esta misma fase constructiva se pueden asociar la pila localizada en el tercio norte de la nave de la Epístola y la puerta construida en un muro con aparejo islámico que se conserva en el muro norte de la actual iglesia, detrás del retablo. También se han descubierto parte de un primitivo edificio islámico en la nave de la Epístola y en la nave de la “capillita”. Se trata de un muro de mampostería ordinaria, trabado con barro, al que se le adosa un suelo de baldosas que presenta una evidente pendiente hacia el extremo orienta de la iglesia. La demolición del edificio islámico para la construcción de la iglesia cristiana se debió producir a finales del siglo XII o en pleno siglo XIII. En los siglos XIV y XV se realizan una serie de pequeñas reformas en el edificio que no están demasiado claras. En las obras de esta fase es donde se podría encuadrar la actual torre de la iglesia, que presenta un aparejo que podríamos fechar en torno al siglo XV. En el siglo XVI se emprende una agresiva intervención en el edificio de la que tenemos constancia a través de documentos escritos de la excavación arqueológica. En dicha reforma se eliminan los muros de las fachadas oeste, sur y parte del muro de la fachada norte para ser elevados de nuevo, llegando sus cimientos “hasta la roca nacida” , como afirma el protocolo de 1595, hecho que se cumple en todos los muros de la reforma, excepto en la zona sur de la nave de la Capillita, donde se reaprovecha el cimiento existente debido, muy probablemente, a la profundidad a la que se encuentra la roca base en esta zona. A pesar de esta intensa reforma se siguió conservando la orientación este-oeste. Probablemente el edificio cambió de orientación en el siglo XVIII, momento en el que se cegaría el arco apuntado de la nave de la Capillita y se situaría el retablo en el lugar en el que actualmente. El tapiado del arco vendría motivado por la entrada en estado de ruina de la capilla Mayor que se localizaba al este de la nave de la Capillita y que recoge Ramírez de Arrellano en un plano como “corral de propiedad particular”, pasando la actual nave de la Capillita a convertirse en sacristía. En el año 1916 se emprende la última reforma del edificio. De ese momento data la reconstrucción del artesonado de la nave de la Epístola, tal y como aparece reflejado en la inscripción que se encuentra en la nacela que recorre la parte superior de los muros de esa misma nave. Durante la rehabilitación integral llevada a cabo por el Consorcio de Toledo se ha intentado una actuación respetuosa con los materiales, acabados. Colores y texturas, buscándose el diálogo sereno y sin protagonismos de los nuevos materiales propuestos. Se ha procurado la restauración frente a la sustitución.

 

Los baños árabes de Tenerías, del Ángel, Caballel y Cenizal

   El baño en el mundo islámico era una práctica habitual de gran trascendencia, cuya costumbre influyó, incluso, en otros grupos religiosos y extendiéndose su uso en todo el territorio de la península. Había baños públicos y privados que cubrían la demanda de todos los grupos sociales. El baño, por tanto, se convirtió en un edificio polifuncional, con distintas finalidades: higiénica, religiosa y social. Los baños constaban de varias habitaciones consecutivas y se complementaban con las zonas de acceso y servicios. Eran construcciones de gruesos muros y poca altura, de cubierta abovedada. Los Baños árabes de Tenerías se localizan en la margen derecha del río Tajo a su paso por la ciudad de Toledo, junto a la iglesia de San Sebastián de las Carreras, en los terrenos denominados rodaderos del Tajo, al sur de la ciudad. Los Baños fueron descubiertos y excavados entre 1988 y 1989. Posteriormente, en 1997, la Confederación Hidrográfica del Tajo encargó nuevas excavaciones y estudios a los arqueólogos Juan Manuel Rojas y Ramón Villa. Los trabajos de investigación confirmaron la importancia del yacimiento y la existencia de una ocupación humana durante la Edad Media, que debió prolongarse hasta la Edad Moderna. Los Baños Islámicos de Tenerías son un conjunto de estructuras relacionadas con el agua, pertenecientes al mundo musulmán, y realizadas con fábrica de ladrillo y compartimentado en varias habitaciones o salas cuyas cubiertas han desaparecido. A ellas se accede a través de una puerta practicada en una cerca que cierra todo el yacimiento. El conjunto está rodeado de un camino que lo bordea y permite la contemplación desde una perspectiva cercana. Además, una plataforma sobreelevada y un panel explicativo ayudan a comprender la globalidad del yacimiento. El Yacimiento arqueológico de Tenerías se compone de las siguientes estructuras: Acceso, zona noroccidental /Sala de estar “bayt al-máslah”/ Letrinas / Sala fría “bayt al.bárid”/ Sala templada “bayt al-wastani”/ Sala caliente “bayt al-sajûn”/ Aljibe y qanat.

 Los Baños del Ángel

   El Baño del Ángel es, sin duda, uno de los mejores conservados entre los ocho que todavía mantienen estructuras reconocibles dentro del Casco Histórico de Toledo. La sala restaurada se corresponde con la caliente y , a diferencia de otros baños, mantiene el hipocausto hasta hoy mejor conservado de la arquitectura civil musulmana en Toledo. La puesta en valor de este baño permite, sin duda, ampliar el conocimiento sobre este tipo de construcciones de origen musulmán que son imprescindibles para comprender la estructura urbana, organización social y hábitos de vida en nuestra cuidad entre los siglos X y XIII. La actuación sobre la sala caliente del Baño del Ángel pretende hacer compresible este espacio, tanto desde un punto de vista de la forma como de la función y el uso que se hacía de él. Esta sala tiene una configuración tripartita con dos alcobas en los laterales del espacio central, separadas por dos arcos de herradura sobre columnas de mármol. En cada una de las alcobas se aloja una bañera de diferente tamaño, con un banco que ocupa dos laterales en la bañera grande y uno en la bañera pequeña, lo que nos da indicios del carácter social que también tenía del acto del baño. El espacio está cubierto con un sistema de bóvedas de medio cañón. En la bóveda central se abren una serie ordenada de pequeños huecos o lucernas que realizan una doble función: matizar la entrada de luz exterior y regular la densidad de vapor y el calor del baño. El acondicionamiento de este importante yacimiento arqueológico pretende dar luz a todos los elementos del espacio original que han llegado hasta nuestros días, a la vez que hacer comprensible el espacio, su función y su uso dentro del conjunto al que pertenece.

 Los Baños del Caballel

   Las primeras referencias a los baños del Caballel o del Cabalillo datan del año 1183. La proximidad del zoco y la mezquita, la abundancia de agua en la zona y el arraigo que tenían los baños entre los musulmanes hacen del entorno de la plaza de las Fuentes un lugar lleno de lavaderos y baños. A menos de cien metros de distancia se encontraban los Baños del Cenizal (restaurados también por el Consorcio de Toledo), los del Pozo Amargo, los del Caballel y los desaparecidos bajo el Colegio de los Infantes. Los restos arquitectónicos conservados se encuentran bajo los inmuebles de la plaza del Colegio de Infantes, 13 y 14 y los números 5 y 6 de la plaza de las Fuentes. La planta no está bien definida por problemas de acceso y destrucciones causadas por obras en las casas, pero parece organizarse en una nave transversal de acceso a la que se contraponen tres de manera longitudinal, correspondientes a las salas fría, templada y caliente. En el transcurso de las obras no se ha modificado la configuración original del espacio. El proyecto se ha limitado a reparar y adecentar al detalle el área completa de los sótanos para que sean utilizables y luego se ha asignado un uso a cada zona en función de su conveniencia mediante la inserción del mobiliario adecuado. En la sala de entrada se ha situado una mesa de trabajo y un aseo, que es independiente de cualquier elemento constructivo del sótano y, por tanto, fácil de eliminar en el momento en que ya no sea necesario. Se ha ubicado en este lugar la zona de trabajo porque es la sala con mayor luz y ventilación natural. Además, el techo de viguetas ha permitido ubicar las instalaciones sin necesidad de deteriorar las fábricas originales.

Los Baños del Cenizal

   Por su parte, las obras de acondicionamiento en los baños islámicos del Cenizal, conservados en los sótanos bajo el inmueble de la calle Bajada del Colegio de Infantes nº 14, han tenido por objeto su conversión en un espacio visitable, mediante su puesta en valor con un adecuado planteamiento de recuperación de sus elementos más reseñables. La intervención realizada por el Consorcio de Toledo se ha centrado en dos de las salas que forman el baño o hammam : la sala de ingreso y la sala fría, ya que el resto de las salas (sala caliente y sala templada) se encuentran conservadas bajo las edificaciones colindantes. Están declarados Bien de Interés Cultural y en estos momentos constituyen uno de los ejemplos más relevantes de la realidad social, higiénica y religiosa de la Edad Media en Toledo.

 

Cripta y torre del convento de Concepcionistas

   El convento de la Concepción Francisca se ubica al Norte del casco histórico de Toledo limitado al norte por la muralla de la ciudad y frontero con el desaparecido Miradero; el lado oeste del recinto es medianero con el alto paredón del Hospital de la Santa Cruz y la fachada sur da a la palaza con una pendiente que permite, bordeando los ábsides de la iglesia, bajar hasta el puente de Alcántara. El Convento fue fundado en el siglo XV por doña Beatriz de Silva y, tras muchas vicisitudes, encontró su ubicación definitiva -la actual- en lo que hasta entonces era el convento de los franciscanos, cuando estos se trasladaron a San Juan de los Reyes. Con la llegada de las Concepcionistas, el convento se transformó enormemente. Se reformó la iglesia, se construyó el claustro alto y el lugar tomó tintes renacentistas que se unieron a los góticos. La tercera actuación realizada por el Consorcio de la Ciudad de Toledo en el convento de la Concepción Franciscana ha tenido por objeto contemplar la obra de construcción de la cámara ventilada que separa la fachada del convento del escombro depositado en la plaza. La creación bajo esta plaza de un espacio accesible desde la calle, ha propiciado la generación de un espacio visitable que, sin interferir en el espacio privado de la vida conventual, permite un recorrido desde el subsuelo al exterior del convento, pasando al interior por un espacio habilitado que desemboca en un antiguo patio al pie de la torre mudéjar, que ha sido cubierto con un techo plano de vidrio. Desde aquí se inicia un recorrido que culmina en un a espectacular cripta abovedada, cuyo uso originario parece ser el de servir de panteón, a juzgar por el conjunto de tumbas de lucillos superpuestos, modo de enterramiento de época mudéjar, caracterizado por tumbas de ladrillo cerradas con una cubierta también de ladrillo.

 

Restos romanos bajo la calle Alfonso X

Conocidos popularmente en la ciudad como “los sótanos de Hacienda”,  su descubrimiento tuvo lugar en 1628, según recoge Julio Porres, con ocasión de la construcción del actual edificio por parte de la Compañía de Jesús, pa. En 1918, se produjo su “redescubrimiento”, cuando el arquitecto de la Delegación de Hacienda, Álvaro González Sanz, dibujó los restos, realizando una planta y secciones de los restos arqueológicos, siendo utilizados entonces como trastero del edificio.

La intervención, llevada a cabo en dos fases ha permitido conocer con detalle todo el complejo constructivo, formado por tres galerías abovedadas paralelas - la del centro de menor amplitud- que en su flanco meridional se abren a una nueva galería transversal, de nuevo abovedada y de mayores dimensiones que las anteriores.

También se ha podido comprobar como la galería central del complejo tiene su continuación en la galería documentada bajo el hipocausto de las termas de la Plaza de Amador de los Ríos, por lo que podemos indicar que nos encontramos ante los restos de la red de suministro hídrico a un complejo termal de gran entidad, cuya cronología podríamos fijar a finales del siglo I d.C.

 

 

 

Convento de Comendadoras

(El Claustro de la Mona)

   Desde que en 1364 Inés García de Meneses fundara el que habría de llamarse convento de Santo Domingo el Real, fueron sucediéndose periódicas incorporaciones de edificaciones y solares, una práctica común a la mayor parte de los conventos toledanos que les ha hecho crecer hasta convertirse en pequeñas estructuras urbanas de complejas asimetrías arquitectónicas, transformadas con el discurrir de los tiempos. Uno de los espacios que mejor pueden ilustrarlo es precisamente éste que ha venido en llamarse el Claustro de la Mona: el claustro procesional dedicado a la celebración de las procesiones del convento En 1935 las monjas comendadoras de Santiago abandonaron su antiguo convento de Santa Fe y se establecieron en la zona del claustro de la Mona y sus aledaños. En el año del 2004 el Consorcio de la Ciudad de Toledo acometió una reforma del claustro para frenar las importantes humedades que ascendían por los paramentos del claustro y que sin duda habían tenido que ver en la ya entonces total desaparición de los arrimaderos. Por suerte, las comendadoras se habían ido preocupando de recoger hasta el último fragmento de la cerámica desprendida, metiéndola en cajas de fruta de madera (algo más de 60) almacenadas en un cuartucho bajo una escalera. Con todo este material, que se demostró excepcional tanto desde el punto de vista estético como histórico, se valoró la necesidad de su restauración y la de reubicarlo en su lugar de origen para preservarlo, analizando la posibilidad de reintegrar las partes perdidas para recuperar la imagen global del conjunto. Así, en una segunda fase (entre 2007 y 2008) el Consorcio decidió abordar la restauración global del claustro, recuperando el espacio central de huerto e incorporando la planta primera del convento en el conjunto claustral. El resultado ha supuesto la recuperación de un extraordinario conjunto arquitectónico de finales del XVI —el del claustro de la Mona—, en el que, si bien la restauración de la cerámica puede haber supuesto la operación más llamativa, ésta no se entendería sin la tal vez más silenciosa pero no por ello menos espectacular del claustro en su totalidad. Un cinamomo en la nueva plantación del patio, rinde recuerdo al que sabemos que existió en tiempos pasados y a la idea de que en él pudo estar el origen del nombre del claustro.

 

 

 

Sótanos de Cardenal Cisneros

   Gracias al patrocinio del Consorcio de la Ciudad de Toledo, dentro de su programa de rehabilitación de los elementos especiales que contienen las viviendas del casco histórico, tenemos ocasión de poder visitar la puesta en valor de los sótanos islámicos de Cardenal Cisneros, 12. De nuevo, los elementos con valor patrimonial existentes en este espacio nos permiten acercarnos al conocimiento de la evolución histórica del urbanismo y la arquitectura toledana, en una de las zonas centrales de la ciudad. En efecto, el espacio, alberga los vestigios arqueológicos de una primitiva casa islámica de época califal, de la que subsisten un patio y un salón, así como los restos de la decoración arquitectónica de los mismos, consistentes en dos arcos de herradura, uno de ellos geminado. Esta primitiva casa se construye sobre el terreno geológico natural, que, en esta zona presenta un fuerte desnivel en dirección sur, siendo rellenado con escombros y restos pertenecientes a fases anteriores de época romana y visigoda, algunos de cuyos materiales constructivos, fueron reutilizados en la nueva construcción islámica. Tanto el patio como el salón que lo precede en su flanco norte configuraban en origen la planta baja de este inmueble, dispuesta a cotas similares que las calles adyacentes. En este sentido destacaría el hallazgo de la decoración parietal figurada documentada en el arco geminado, en cuyas jambas de dispusieron dos manos de Fátima o hamsa, una de las cuales es rodeada por tres pájaros de estilizada figura (seguramente colibríes dada la esbeltez y longitud de sus picos). Ambos motivos son típicos en el arte islámico, y presentan un significado de protección y de rechazo a las influencias malignas, en concreto contra el mal de ojo (Mano de Fátima) y quizás funerario (en el caso de los pájaros). Los dos son motivos decorativos de origen preislámico que debieron tener una fuerte raigambre popular y que son, en cierta medida, tolerados por la doctrina oficial islámica, aunque como en el caso de los pájaros provengan de un hadiz o tradición oral no oficial atribuida a Mahoma, en el que se les identifica como los transmisores de las almas de los buenos creyentes en su viaje al Paraíso.

 

 

El pozo de El Salvador

   La plaza de El Salvador se encuentra asociada al edificio conventual de San Marcos, hoy convertido en centro cultural y archivo municipal. Originalmente, el edificio se extendía por la plaza actual, desarrollándose su claustro por este espacio. En el año 1997 se practicaron unas catas arqueológicas en la misma plaza y se pudo comprobar la existencia de un sótano abovedado que estaba colmatado de escombros parcialmente. Posteriormente, la excavación arqueológica manual realizada por el Consorcio de Toledo en el año 2002 descubrió un sótano abovedado de grandes dimensiones que discurre paralelamente a la calle Trinidad y que se prolonga a través de una puerta en dirección a la propia plaza.

El Sótano está conformado por dos estancias:

   Acceso: Sala rectangular construida en mampostería. En uno de sus extremos se han conservado las primitivas escaleras de acceso a la estancia. No se ha conservado la techumbre abovedada que cubría este espacio. Es en esta sala en donde se ha implantado la escalera de caracol que permite el recorrido por el interior.

   Sala principal: Hasta ella se llega atravesando una pequeña estancia y a través de un hueco de arco de medio punto de ladrillo. La sala principal es una estructura compuesta por una bóveda de cañón y una bóveda semicircular, toda ella construida en ladrillo. En el centro se aprecia una abertura cenital en donde se localizaba un brocal de pozo y que se corresponde, como es lógico, con el depósito de agua. Un canal de recogida de agua conduce hasta el mismo punto. La bóveda está construida sobre un muro de mampostería irregular. Cronología: Con respecto a la descripción histórica, sólo puede apuntarse que se ha realizado gráficamente una superposición de las ruinas de la plaza de El Salvador con el plano de Ibáñez Ibero de 1882, donde aparecen las trazas del antiguo convento de San Marcos, construido en el siglo XVI. En dicho plano no aparecen datos que evidencien la pertenencia de las ruinas actuales a dicho convento. Su cronología puede situarse entonces entre los siglos XII y XIII, anterior al claustro del convento de Trinitarios que se extendía por la plaza. En este sótano de la plaza de El Salvador se expone, en varios soportes informativos, un discurso que bajo la premisa de “Ciudad de Aljibes, Fuentes y Pozos” nos introduce en el mundo del patrimonio hidráulico y de los sótanos en Toledo.

 

Salones Islámicos

   La casa de la que forman parte los dos salones posee una única entrada por el Cobertizo del Colegio Doncellas número 2, que da acceso a un patio central. Los salones estudiados se localizan en planta baja siendo uno de ellos rectangular y el otro con forma de tronco de pirámide. Desde un punto de vista constructivo, la casa cuenta con numerosas reformas conservando parte de su traza islámica aunque sometida a sucesivas remodelaciones y ampliaciones durante la Baja Edad Media, Época Moderna, Contemporánea y, por último, a finales del siglo XX, momento en el que se reconstruye la crujía que da a la calle. El resultado del estudio arqueológico de este espacio ha permitido comprender su evolución constructiva y el contexto urbano. En un espacio de algo más de 100 m2 están representadas tres fases constructivas diferentes.

FASE I

   Se corresponde con un salón de planta rectangular del que hoy tan sólo se conserva su traza. Este salón posee un acceso lateral a través de un vano adintelado, hoy tapiado, del que tan sólo se conserva una parte del cargadero con uno de los huecos de la quicialera. A este salón se le asocia con los restos de una ventana decorada con una yesería. La cronología propuesta para esta primera fase es el siglo X.

FASE II

   Esta fase se corresponde con la construcción de un segundo espacio de planta troncopiramidal adosado a los restos del salón descrito en la primera fase. Esta pequeña estancia posee un arco decorado con una yesería y conserva restos de pintura mural que reproduce caracteres cúficos con fines ornamentales. Esta fase se fecha entre los siglos XII y XIII. La yesería del arco angrelado combina escritura cúfica con elementos decorativos vegetales.

FASE III

   Pertenece a la construcción de la edificación existente en la actualidad que data de los siglos XIV-XV. En este momento se reutilizan los dos salones estudiados como establos, se tapian los vanos originales y se habilitan pesebreras exentas. En el salón tronco piramidal se abren nuevos vanos y se divide el espacio en dos plantas mediante un forjado de madera. En el transcurso de la excavación arqueológica de este sótano apareció un fragmento de mocárabe de yeso. La pieza posee elementos decorativos de tipo floral y geométrico aunque lo más interesante es la fecha que aún se puede leer en uno de sus extremos, 1150, que restando los 38 años que se corresponden con el desfase de la Era Hispana, lo situaría a inicios del XII, pocos años después de la toma pactada de Toledo por el rey Alfonso VI.

 









 

HORARIO

Visitas GRATUITAS Y GUIADAS a diversos monumentos, yacimientos arqueológicos y otros lugares de interés que han sido recuperados por el Consorcio de la Ciudad de Toledo y que llevaban años, en algunos casos siglos, sin poder ser visitados.


HORARIOS *

MARTES
11:00 h. Iglesia, Mezquita y Pozo de El Salvador
17:30 h. Iglesia, Mezquita y Pozo de El Salvador

MIÉRCOLES
11:00 h. Convento de Santa Isabel y Convento de Comendadoras
17:30 h. Iglesia de San Sebastián y Baños Islámicos de Tenerías

JUEVES
11:00 h. Restos Romanos en Alfonso X y Sótanos Islámicos de Cardenal Cisneros
17:30 h. Baño del Ángel y Salones Islámicos del Colegio de Doncellas

VIERNES
11:00 h. Cripta del convento de Concepcionistas
17:30 h. Termas Romanas y Bóvedas Romanas de Nuncio Viejo, 19

SÁBADO
11:00 h. Termas Romanas y Torre de San Román
17:30 h. Ruta 1: Termas Romanas y Baños del Caballel y del Cenizal
              Ruta 2: Casa del Judío

DOMINGO
11:00 h. Cuevas de Hércules
12:30 h. Iglesia de San Sebastián


* Del 1 de junio al 30 de septiembre todas las rutas de tarde serán a las 19:00 horas.



Más información sobre las Rutas y reserva de días y horas

CENTRO DE GESTIÓN DE RECURSOS CULTURALES DEL CONSORCIO DE TOLEDO

Termas Romanas de la Plaza Amador de los Ríos

HORARIO DEL CENTRO DE GESTIÓN*

Martes a sábados: de 10 a 14 y de 16 a 20 horas
Domingos: De 10 a 14 horas
Lunes: cerrado

* Del 1 de junio al 30 de septiembre el horario de martes a sábados será de 10 a 14 horas y de 17 a 21 horas.

Teléfono: 925 25 30 80
Fax: 925 21 02 27
e-mail: termas@consorciotoledo.org
El Consorcio se reserva el derecho de modificar horarios y rutas en función de las operaciones de mantenimiento que sean necesarias.


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