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CENTRO DE GESTIÓN DE RECURSOS CULTURALES
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DESCUBRE OTRO TOLEDO
RUTAS
"PATRIMONIO DESCONOCIDO"
El Consorcio de Toledo puso en
marcha en junio de 2004 sus Rutas “Patrimonio
Desconocido”, y desde entonces no ha dejado de
crecer el número de visitantes. En 2010 cerca de
82.000 personas descubrieron el Toledo desconocido.
Se trata de unas rutas que incluyen visitas
gratuitas y guiadas a diversos monumentos,
yacimientos arqueológicos y otros lugares de
singular interés, que han sido recuperados y puestos
en valor por el Consorcio de la Ciudad de Toledo y
que llevaban años, en algunos casos siglos, sin
poder ser visitados.
Las visitas pueden realizarse
individualmente o en grupo. En este último caso es
recomendable programar la visita previamente para
evitar coincidencias de varios grupos en un mismo
día y hora.
De organizar
estas visitas se encarga el Centro de Gestión de
Recursos Culturales abierto por el Consorcio en las
propias Termas Romanas de la Plaza Amador de los
Ríos. En este importante yacimiento arqueológico,
recientemente recuperado por el Consorcio, se ha
habilitado una oficina de atención al público que
ofrece varias posibilidades.
Por un lado,
la de contemplar los restos recuperados de las
propias Termas, siguiendo un recorrido a través de
una pasarela de madera situada sobre los distintos
elementos, tales como una conducción romana, aljibes
medievales, muros prehistóricos y suelos romanos de
opus signinum; por el otro, reservar día y hora para
visitar gratuitamente los inmuebles incluidos en las
Rutas “Patrimonio desconocido”.
De atender el
centro de Gestión se encarga un grupo de alumnos
becados de la Facultad de Humanidades de Toledo, de
la Universidad de Castilla-La Mancha. Las becas se
convocan dentro del convenio de colaboración entre
la Facultad de Humanidades y el Consorcio de Toledo.
Además, el
Consorcio de Toledo edita cada año un folleto
explicativo de las Rutas “Patrimonio Desconocido”,
en el que se incluyen breves descripciones
histórico-arqueológicas de todos los inmuebles que
se pueden visitar, fotografías de los mismos y los
horarios semanales de las visitas. Los folletos
están editados en español, inglés y francés y pueden
encontrarse en las oficinas del Consorcio (plaza de
Santo Domingo el Antiguo, 4), en el Centro de
Gestión de Recursos Culturales de las Termas Romanas
de la plaza de Amador de los Ríos y en las oficinas
de Turismo la Junta de Comunidades, del Ayuntamiento
y de la Diputación de Toledo.
Las Rutas
“Patrimonio Desconocido” tienen como objetivo
fundamental establecer una conexión entre los
ciudadanos y su patrimonio cultural y presentar las
actuaciones de recuperación como fuente de
conocimiento y, a la vez, como algo vivo y útil para
el disfrute de la ciudad.
Todos los
inmuebles incluidos en ellas presentan “otro
Toledo”, el Toledo oculto durante siglos que poco a
poco va saliendo a la luz. En todos ellos están
representados elementos de diferentes tipos y
épocas, que en su momento desempeñaron una
importante función y que han pasado a formar parte
de nuestra historia. Todos ellos dan claro
testimonio del patente interés del Consorcio de la
Ciudad de Toledo por la conservación, puesta en
valor y disfrute de nuestro patrimonio.
Entre los inmuebles que se pueden visitar
semanalmente en estas rutas “Patrimonio Desconocido”
destacan:
- Las Termas Romanas de la
Plaza de Amador de los Ríos (sede del Centro de
Gestión de Recursos Culturales del Consorcio de
Toledo)
- Las Cuevas de Hércules
- La Casa del judío
- La Iglesia-mezquita de El Salvador
- Los sótanos islámicos de Cardenal Cisneros, 12
- La Iglesia de San Sebastián
- Los Baños del Ángel
- Los Baños del Caballel
- Los Baños Árabes de Tenerías
- Los Baños Islámicos del Cenizal
- El Convento de Santa Isabel
- Cripta y torre del Convento de Concepcionistas
- Restos Romanos bajo la calle Alfonso X
- Convento de Comendadoras (patio de la Mona)
- Los Sótanos abovedados de la plaza de El Salvador
- La Torre de San Román
- Salón Islámico del Colegio de Doncellas
- Bóvedas Romanas de Nuncio Viejo, 19
INMUEBLES QUE ACABAN DE SER INCLUIDOS EN LAS
RUTAS
- Mezquita del Cristo de la
Luz
- Sala Capitular del Convento de San Clemente
- Capilla de San Jerónimo del Convento de
Concepcionistas
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Las
Termas Romanas de la plaza de Amador de los Ríos

Conocidos
desde el año 1986, los vestigios arqueológicos que
se conservan en este lugar nos ilustran sobre la
monumentalidad que debió tener la ciudad de Toledo
en época romana, trazada y dotada siguiendo el
modelo urbanístico imperante en el momento y emanado
desde la capital del Imperio: la ciudad de Roma.
Así, los restos arqueológicos aquí conservados se
convierten en referentes de los sistemas y procesos
constructivos empleados en la Ingeniería y
Arquitectura romanas de carácter civil, algunos de
los cuales, como el empleo del hormigón de cal (Opus
caementicium) o el uso del arco formado por dovelas
de piedra, supusieron una auténtica revolución
tecnológica en la Hispania de la época. Estas
innovaciones se encuentran bien representadas en
este lugar, contando también con un tramo de
canalización o galería abovedada fabricado con Opus
Caementicium y un arco formado por dovelas
graníticas almohadilladas, que debieron formar parte
del suministro de aguas limpias a la ciudad y, en
concreto, dadas sus dimensiones, del abastecimiento
a los edificios públicos de mayor importancia. Cómo
ya hemos indicado, sobre estas estructuras se
dispuso un complejo arquitectónico con una
funcionalidad exclusivamente balnear o termal. Los
restos aquí documentados configuran al menos dos
estancias, la primera de ellas mal conocida por el
momento, siendo la segunda una estancia rectangular
(aproximadamente 12 x 10 m.: 120 m2), cuyo subsuelo
fue dotado de un sistema de calefacción (hipocausto)
destinado a caldear el alzado de la sala,
configurándose como una suerte de sauna o sala
cálida (caldarium), básica en el ritual romano del
baño y presente en todas las construcciones termales
del momento. Las dimensiones de este caldarium, la
cuidada planificación de su construcción y los
materiales utilizados en su decoración (mármoles,
estatuas) nos permiten indicar un carácter público
del edificio, levantado, sin ninguna duda, bajo los
auspicios del poder Imperial. Por lo que respecta a
la cronología de los restos, aunque en su
edificación se pueden apreciar dos momentos
constructivos claramente diferentes, corresponden a
un período situado entre fines del s. I y mediados
del s. II d.C. Con el tiempo, el edificio debió
arruinarse, siendo afectado y reutilizado por nuevas
estructuras levantadas en épocas posteriores, tales
como el silo fechado entre los s. XII a XIV; los dos
aljibes emplazados en su sector occidental, fechados
a partir del s. XVI., o los pilares de hierro que
soportan la estructura edificada del actual
inmueble, levantado a principios de la década de
1990. Puesta en valor En el año 2002, el Consorcio
de la Ciudad de Toledo decide abordar la puesta en
valor de estos importantísimos restos arqueológicos
dentro de un proyecto global de recuperación de la
memoria histórica de la ciudad. En primer lugar se
consigue que el inmueble que se encontraba en una
situación deplorable, sea cedido al propio Consorcio
por un periodo de 25 años, mediante un convenio
firmado en septiembre de 2002. Posteriormente, ya en
2003, se abordan las obras de restauración que se
estructuran en varias fases. Primero se realiza una
profunda investigación arqueológica, planteada como
intervención directa en el subsuelo: en segundo
lugar, se aborda la reconstrucción parcial de las
Termas Romanas para facilitar su comprensión, y, por
último, se lleva a cabo la adecuación del espacio
para que sirva de Oficina de Atención al Ciudadano y
en especial al investigador, uniendo la
revalorización del Patrimonio y la utilidad
funcional en un solo inmueble. |
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Las cuevas de Hércules

El solar que alberga las llamadas
Cuevas de Hércules (callejón de San Gines, 3)
presenta una rica historia arquitectónica, en cuanto
ha sido ocupado por distintos edificios a lo largo
de la historia: en época romana se había construido
aquí un depósito de agua para el abastecimiento de
la ciudad, que formaba parte de la red hidráulica
romana de Toletum. Posteriormente, ya en época
visigoda, parece que sobre el depósito de agua se
levantó un templo cristiano. Después una mezquita.
Más tarde, probablemente en el siglo XII, un nuevo
templo se construyó en el mismo lugar, dedicado a
San Ginés, sede de la parroquia homónima.
Con respecto a la cisterna
romana (depósito de agua) se han obtenido nuevos e
interesantes datos. La investigación ha podido
constatar que el depósito fue construido en torno a
la segunda mitad del siglo I d.C. con forma
rectangular, de 6,00 m. de ancho por al menos 11,50
m. de largo y 4,00 de alto. Estaba realizado con
pequeñas piedras cogidas con una fuerte mezcla de
cal yeso y arena (opus caementicium) y revestido en
su interior con un cemento hidráulico especial (opus
signinum).
En un momento posterior, todavía
por establecer (aunque siempre en el marco de la
época romana), la construcción original fue
parcialmente revestida en su interior con grandes
sillares de granito y dividida en dos en sentido
longitudinal por medio de tres grandes arcos
igualmente de granito. Sobre las dos naves
resultantes, comunicadas entre si por medio de los
arcos, se construyeron sendas bóvedas con bloques de
caliza blanca (sólo una de las dos naves es
propiedad del Consorcio).
Como se sabe, las cuevas de
Hércules han dado lugar a múltiples leyendas,
recogidas ya en textos medievales. Según estos, las
cuevas serían oquedales naturales, a las que
Hércules, fundador de la ciudad, habría dado una
estructura arquitectónica para instalar allí sus
palacios, donde se practicaban artes mágicas y
nigromancia.
Otras leyendas las relacionan con
la desaparición del reino visigodo a manos de los
árabes, pues habría sido el mismo Hércules quien,
con sus dotes adivinatorias, dejó en un cofre
cerrado la profecía de la destrucción del reino
visigodo, dejando explicito que cada rey pusiera un
candado más. Pero fue la curiosidad o codicia del
rey Don Rodrigo quien abrió el cofre y puso en
marcha la maldición de la profecía, perdiendo su
reino en manos del Islam y quedando destruido el
palacio por fuerzas sobrenaturales, del que sólo
quedaron las cuevas. La asociación de los sótanos de
San Ginés con las legendarias Cuevas de Hércules se
produce en el siglo XVI y la primera exploración (en
parte fallida) se debe al cardenal Siliceo.
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La Casa del Judío está
situada en el corazón de la judería toledana.
Los dos espacios que generan mayor interés en el
interior del inmueble son el patio, que conserva
multitud de yeserías, y, sobre todo, el sótano,
que posiblemente fuera un baño litúrgico judío o
miqva, cuya función era la purificación
espiritual y preparación para algún suceso
importante en la vida de un judío. Durante su
restauración se han descubierto en estancias
adyacentes enfoscados hidráulicos a la almagra y
un aljibem que ayudan a apoyar la teoría sobre
su uso.
Otro elemento de gran
relevancia para su estudio arqueológico es una
pieza de madera utilizada como dintel de acceso
al sótano, donde se puede observar el trabajo de
tallado con motivos florales, a base de tímpanos
y roleos, acompañando un repertorio epigráfico
cuya transcripción dice: “Gracias Te doy, porque
me has respondido”; texto relacionado con el
versículos 21 del salmo 18: “Aquí está la puerta
de Yahveh, por ella entran los justos. 21
gracias Te doy, porque me has respondido, y has
sido para mí la salvación”, que da la bienvenida
a todos aquellos fieles y puros al interior de
la casa.
En general, la intervención
del Consorcio de Toledo ha dejado vislumbrar una
vivienda cuyos orígenes se pueden datar en los
siglos XIV-XV con reminiscencias mudéjares y
posibles usos litúrgicos hebreos, acompañada con
adaptaciones y transformaciones en los siglos
posteriores, poniéndose un mayor énfasis en el
siglo XVIII y XIX.
La leyenda dice que esta casa
perteneció al judío Ishaq, quien prestó dinero a
la reina Isabel la Católica a cambio de sus
joyas para financiar el viaje en el que se
produciría el descubrimiento de América.
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Los restos romanos de
la calle Nuncio Viejo, 19

La intervención llevada a cabo por el Consorcio de
Toledo ha pretendido la adecuación y puesta en valor
de este recinto situado en los sótanos de la Calle
Nuncio Viejo y de los elementos constructivos que
los conforman. Se trata de un sistema de muros y
bóvedas que datan, según los estudios arqueológicos
practicados, de época romana. En el entorno de estos
sótanos se encuentran dos de los restos romanos de
mayor importancia hallados en la ciudad, las termas
romanas y las cisternas de la red de distribución de
agua de los sótanos de la Delegación de Hacienda. La
puesta en valor, además de la intervención directa
sobre los citados elementos constructivos, basada en
su restauración, se ha llevado a cabo buscando la
posibilidad de su exposición al público, haciéndola
viable a través de un recorrido que acerca los
elementos de interés, facilitando la observación y
creando un ambiente que resalta los valores
espaciales que el recinto potencialmente poseía. Los
nuevos elementos constructivos y las instalaciones
introducidas ahora para lograr tal fin, se han
basado en parámetros de sencillez, actualidad
arquitectónica y diferenciación formal con los
restos preexistentes, buscando su integración en el
conjunto, pero respetando a su vez, y en todo
momento, el orden jerárquico primordial hacia
aquéllos. Durante la actuación de puesta en valor se
creó un recorrido de doble entrada que comunica los
tres espacios abovedados a través de una pasarela.
La entrada se realiza a través de unos escalones
ejecutados en chapa de acero sobre estructura
auxiliar de perfiles laminados también de acero.
Este tramo de escalones conduce a una pequeña
plataforma de tablero de madera sobre el mismo tipo
de estructura metálica que permite una cisión global
del primero de lo espacios abovedados. La estructura
metálica de pasarelas y escaleras se va apoyando
sobre pequeñas soleras de cal hidráulica. La
plataforma se comunica a su vez con la rampa que ya
nos lleva a la pasarela de unión con las restantes
bóvedas, formada por piezas de piedra artificial
sobre estructura metálica. En las dos entradas se
colocaron puertas de vidrio templado. La iluminación
a base de proyectores colocados sobre el suelo,
persigue la atmósfera tamizada y tenue que se estima
apropiada para las características del espacio que
se observa. Todo el suelo que no presenta restos
arqueológicos se cubre con una capa de grava
marmórea que aporta una textura de acabado al nivel
inferior del conjunto. |
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Convento de Santa
Isabel (Patio de la Enfermería)

En 1477 se fundaba en Toledo un segundo convento de
religiosas franciscanas bajo la advocación de Santa
Isabel de Hungría, una de las personalidades más
relevantes de la Orden seráfica. El nuevo monasterio
fue obra de una dama toledana emparentada con los
Reyes Católicos, doña María Suárez de Toledo. La
ayuda de los Reyes Católicos para la creación del
nuevo monasterio fue fundamental, puesto que don
Fernando le cedió las casas principales de Toledo,
en la colación de San Antolín, que había heredado de
su madre Juana Enriquez. Las obras palaciegas
medievales conservadas en la clausura son de estilo
mudéjar, y de especial relieve son las yeserías y
las armaduras de madera. Entre las primeras destacan
las contiguas al claustro de los naranjos, al
claustro de los Laureles y al Patio de la
Enfermería. El patio recientemente restaurado por el
Consorcio de la Ciudad de Toledo es el de la
Enfermería. Este patio constituye el núcleo central
del palacio edificado por Don Pedro Suárez de
Toledo, hijo de Don Diego Gómez y Doña Inés de
Ayala. Esta identificación se ha hecho gracias a la
decoración heráldica que aparece en el alfarje de la
galería baja del patio (El castillo de los Toledo y
los cuatro lobos pasantes de los Orozco). La
cronología la fija Martínez Caviró entre 1374 y
1375. Las habitaciones de este palacio se
distribuyen en torno al patio de planta ligeramente
rectangular definido por columnas de ladrillo de
planta octogonal. En planta baja se conservan tres
yeserías que dan acceso a los salones localizados en
las crujías norte, sur y oeste. La tipología de dos
de las tres yeserías es muy común en el mudéjar
toledano, siendo el arco angrelado una de sus
principales señas de identidad. El tipo de
decoración de ambas, tanto del alfiz como del
intradós, es vegetal, estimándose su fecha de
realización en torno a la segunda mitad del siglo
XIV. |
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La Mezquita-Iglesia de El Salvador

Tradicionalmente se ha identificado este templo con
una mezquita, identificación avalada por dos hechos.
El primero de ellos y más determinante fue la
aparición de una lápida en la Capilla de Santa
Catalina. En ella se conmemora la construcción de
una nave en el año 1041 (432 H.), si bien es cierto
no se indica si se trata de una ampliación del
edificio o de la reforma de una nave anterior. El
segundo, igual de válido para su identificación, es
la referencia fechada en 1159, en la que se indica
su conversión al culto cristiano. Desde su
conversión a templo cristiano en 1159 hasta nuestros
días, el edificio ha sido objeto de innumerables
transformaciones, incluidos dos incendios, uno en el
siglo XVI y otro en 1822. Fruto de esta última
reconstrucción es la actual iglesia. Los trabajos de
puesta en valor, si bien tuvieron una primera fase
años atrás con la excavación y recuperación del
patio de la antigua casa rectoral (de la que se
habla más adelante), se han visto ampliados con la
intervención en el interior del templo, contemplada
dentro del proyecto de obra, excavándose la nave
central y la nave del Evangelio, rebajándose una
profundidad de 1,50 metros que estuvo marcada por la
documentación de la última fase de enterramientos
fechados entre finales del siglo XVIII y el comienzo
del siglo XIX. Los restos cronológicamente más
antiguos que se localizaron durante la excavación,
pertenecen al edificio de la mezquita islámica,
ubicada en el lugar que ocupa la iglesia actual, son
de los siglos IX – XII. Su espacio estaría
distribuido en tres naves perpendiculares al muro de
quibla. La arquería se sitúa entre la nave central y
la nave de la epístola del actual templo. Está
compuesta por siete soportes de los que seis son
columnas romanas y uno es un pilar visigodo
ricamente decorado con escenas de milagros de Cristo
y motivos geométricos. Los capiteles y cimacios son
romanos y visigodos, reaprovechados. Cabalgan sobre
ellos arcos de herradura enjarjados construidos en
ladrillo, a excepción de la clave que está formada
por un sillar.
I FASE
Las obras de rehabilitación y puesta en valor del
patio de la antigua casa rectoral comenzaron a
finales de mayo del año 2004 y concluyeron en abril
de 2005. La intervención del Consorcio de Toledo
consistió principalmente en la realización de un
estudio arqueológico del recinto, la restauración de
los elementos estructurales del mismo (arcos, muros,
etc.), la recuperación de los ornamentales (piezas
reaprovechadas, capiteles, aljibe, fragmentos
decorativos, etc.), la corrección de las afecciones
de humedad de la capilla, que es medianera, y,
finalmente, en la preparación del conjunto para
posibilitar la visita del mismo. En el conjunto nos
encontramos con una primera fase de ocupación
islámica (S. IX-X), asentada sobre un estrato
tardorromano-visigodo, que se corresponde, por un
lado, con los restos de un muro y una estructura
paralela, con remate semicircular realizada en
mortero y pintada de almagra. Sobre las ruinas de
estas estructuras se construye la arquería,
compuesta por tres columnas con sus respectivos
capiteles, dos romanos de la primera mitad del siglo
II d. C. y uno visigodo, que sustentan cuatro arcos
de herradura, realizados en ladrillo trabado con
mortero, enmarcados por alfices y rematados por una
cornisa de canecillos, muy parecida a la de la
mezquita del Cristo de la Luz, aportando una
referencia cronológica en torno al siglo XI. En
definitiva, el objetivo primordial de las dos
intervenciones ha sido encontrar en el edificio los
restos históricos que permitieran hacer una lectura
arqueológica e histórica más completa y correcta, y
además incrementar el valor artístico y por tanto el
interés del conjunto. |
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La Iglesia de San Sebastián
La Iglesia de San Sebastián se localiza en el
denominado “Barrio de Curtidores”, dentro del cual
se enmarcaría construcciones defensivas como la
puerta de bab al- Dabbagin o “puerta de los
Curtidores” localizada, muy probablemente, en las
cercanías de la iglesia. A través de las fuentes
documentales, así como del estudio de muros y la
excavación arqueológica realizada durante esta
restauración, se ha podido concluir que la actual
iglesia de San Sebastián ha sido un edificio con una
ocupación continua, desde el siglo X hasta el XX,
con una primera fase islámica y una segunda
cristiana. Entre los restos arquitectónicos más
antiguos que todavía se conservan en el edificio,
encontramos parte de un arco de herradura en el muro
que separa la nave de la Epístola de la nave de la
Capillita, asociado a un aparejo islámico que podría
estar relacionado con la fase islámica del edificio.
Así mismo, se ha documentado un suelo de baldosas de
ladrillos que se adosan al muro islámico a la misma
cota que el umbral de la mencionada puerta de arco
de herradura. A esta misma fase constructiva se
pueden asociar la pila localizada en el tercio norte
de la nave de la Epístola y la puerta construida en
un muro con aparejo islámico que se conserva en el
muro norte de la actual iglesia, detrás del retablo.
También se han descubierto parte de un primitivo
edificio islámico en la nave de la Epístola y en la
nave de la “capillita”. Se trata de un muro de
mampostería ordinaria, trabado con barro, al que se
le adosa un suelo de baldosas que presenta una
evidente pendiente hacia el extremo orienta de la
iglesia. La demolición del edificio islámico para la
construcción de la iglesia cristiana se debió
producir a finales del siglo XII o en pleno siglo
XIII. En los siglos XIV y XV se realizan una serie
de pequeñas reformas en el edificio que no están
demasiado claras. En las obras de esta fase es donde
se podría encuadrar la actual torre de la iglesia,
que presenta un aparejo que podríamos fechar en
torno al siglo XV. En el siglo XVI se emprende una
agresiva intervención en el edificio de la que
tenemos constancia a través de documentos escritos
de la excavación arqueológica. En dicha reforma se
eliminan los muros de las fachadas oeste, sur y
parte del muro de la fachada norte para ser elevados
de nuevo, llegando sus cimientos “hasta la roca
nacida” , como afirma el protocolo de 1595, hecho
que se cumple en todos los muros de la reforma,
excepto en la zona sur de la nave de la Capillita,
donde se reaprovecha el cimiento existente debido,
muy probablemente, a la profundidad a la que se
encuentra la roca base en esta zona. A pesar de esta
intensa reforma se siguió conservando la orientación
este-oeste. Probablemente el edificio cambió de
orientación en el siglo XVIII, momento en el que se
cegaría el arco apuntado de la nave de la Capillita
y se situaría el retablo en el lugar en el que
actualmente. El tapiado del arco vendría motivado
por la entrada en estado de ruina de la capilla
Mayor que se localizaba al este de la nave de la
Capillita y que recoge Ramírez de Arrellano en un
plano como “corral de propiedad particular”, pasando
la actual nave de la Capillita a convertirse en
sacristía. En el año 1916 se emprende la última
reforma del edificio. De ese momento data la
reconstrucción del artesonado de la nave de la
Epístola, tal y como aparece reflejado en la
inscripción que se encuentra en la nacela que
recorre la parte superior de los muros de esa misma
nave. Durante la rehabilitación integral llevada a
cabo por el Consorcio de Toledo se ha intentado una
actuación respetuosa con los materiales, acabados.
Colores y texturas, buscándose el diálogo sereno y
sin protagonismos de los nuevos materiales
propuestos. Se ha procurado la restauración frente a
la sustitución. |
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Los baños árabes de Tenerías,
del Ángel, Caballel y Cenizal

El baño en el mundo islámico era una práctica
habitual de gran trascendencia, cuya costumbre
influyó, incluso, en otros grupos religiosos y
extendiéndose su uso en todo el territorio de la
península. Había baños públicos y privados que
cubrían la demanda de todos los grupos sociales. El
baño, por tanto, se convirtió en un edificio
polifuncional, con distintas finalidades: higiénica,
religiosa y social. Los baños constaban de varias
habitaciones consecutivas y se complementaban con
las zonas de acceso y servicios. Eran construcciones
de gruesos muros y poca altura, de cubierta
abovedada. Los Baños árabes de Tenerías se localizan
en la margen derecha del río Tajo a su paso por la
ciudad de Toledo, junto a la iglesia de San
Sebastián de las Carreras, en los terrenos
denominados rodaderos del Tajo, al sur de la ciudad.
Los Baños fueron descubiertos y excavados entre 1988
y 1989. Posteriormente, en 1997, la Confederación
Hidrográfica del Tajo encargó nuevas excavaciones y
estudios a los arqueólogos Juan Manuel Rojas y Ramón
Villa. Los trabajos de investigación confirmaron la
importancia del yacimiento y la existencia de una
ocupación humana durante la Edad Media, que debió
prolongarse hasta la Edad Moderna. Los Baños
Islámicos de Tenerías son un conjunto de estructuras
relacionadas con el agua, pertenecientes al mundo
musulmán, y realizadas con fábrica de ladrillo y
compartimentado en varias habitaciones o salas cuyas
cubiertas han desaparecido. A ellas se accede a
través de una puerta practicada en una cerca que
cierra todo el yacimiento. El conjunto está rodeado
de un camino que lo bordea y permite la
contemplación desde una perspectiva cercana. Además,
una plataforma sobreelevada y un panel explicativo
ayudan a comprender la globalidad del yacimiento. El
Yacimiento arqueológico de Tenerías se compone de
las siguientes estructuras: Acceso, zona
noroccidental /Sala de estar “bayt al-máslah”/
Letrinas / Sala fría “bayt al.bárid”/ Sala templada
“bayt al-wastani”/ Sala caliente “bayt al-sajûn”/
Aljibe y qanat.
Los
Baños del Ángel
El Baño del Ángel es, sin duda, uno de los mejores
conservados entre los ocho que todavía mantienen
estructuras reconocibles dentro del Casco Histórico
de Toledo. La sala restaurada se corresponde con la
caliente y , a diferencia de otros baños, mantiene
el hipocausto hasta hoy mejor conservado de la
arquitectura civil musulmana en Toledo. La puesta en
valor de este baño permite, sin duda, ampliar el
conocimiento sobre este tipo de construcciones de
origen musulmán que son imprescindibles para
comprender la estructura urbana, organización social
y hábitos de vida en nuestra cuidad entre los siglos
X y XIII. La actuación sobre la sala caliente del
Baño del Ángel pretende hacer compresible este
espacio, tanto desde un punto de vista de la forma
como de la función y el uso que se hacía de él. Esta
sala tiene una configuración tripartita con dos
alcobas en los laterales del espacio central,
separadas por dos arcos de herradura sobre columnas
de mármol. En cada una de las alcobas se aloja una
bañera de diferente tamaño, con un banco que ocupa
dos laterales en la bañera grande y uno en la bañera
pequeña, lo que nos da indicios del carácter social
que también tenía del acto del baño. El espacio está
cubierto con un sistema de bóvedas de medio cañón.
En la bóveda central se abren una serie ordenada de
pequeños huecos o lucernas que realizan una doble
función: matizar la entrada de luz exterior y
regular la densidad de vapor y el calor del baño. El
acondicionamiento de este importante yacimiento
arqueológico pretende dar luz a todos los elementos
del espacio original que han llegado hasta nuestros
días, a la vez que hacer comprensible el espacio, su
función y su uso dentro del conjunto al que
pertenece.
Los
Baños del Caballel
Las primeras referencias a los baños del Caballel o
del Cabalillo datan del año 1183. La proximidad del
zoco y la mezquita, la abundancia de agua en la zona
y el arraigo que tenían los baños entre los
musulmanes hacen del entorno de la plaza de las
Fuentes un lugar lleno de lavaderos y baños. A menos
de cien metros de distancia se encontraban los Baños
del Cenizal (restaurados también por el Consorcio de
Toledo), los del Pozo Amargo, los del Caballel y los
desaparecidos bajo el Colegio de los Infantes. Los
restos arquitectónicos conservados se encuentran
bajo los inmuebles de la plaza del Colegio de
Infantes, 13 y 14 y los números 5 y 6 de la plaza de
las Fuentes. La planta no está bien definida por
problemas de acceso y destrucciones causadas por
obras en las casas, pero parece organizarse en una
nave transversal de acceso a la que se contraponen
tres de manera longitudinal, correspondientes a las
salas fría, templada y caliente. En el transcurso de
las obras no se ha modificado la configuración
original del espacio. El proyecto se ha limitado a
reparar y adecentar al detalle el área completa de
los sótanos para que sean utilizables y luego se ha
asignado un uso a cada zona en función de su
conveniencia mediante la inserción del mobiliario
adecuado. En la sala de entrada se ha situado una
mesa de trabajo y un aseo, que es independiente de
cualquier elemento constructivo del sótano y, por
tanto, fácil de eliminar en el momento en que ya no
sea necesario. Se ha ubicado en este lugar la zona
de trabajo porque es la sala con mayor luz y
ventilación natural. Además, el techo de viguetas ha
permitido ubicar las instalaciones sin necesidad de
deteriorar las fábricas originales. Los
Baños del Cenizal
Por su parte, las obras de
acondicionamiento en los baños islámicos del
Cenizal, conservados en los sótanos bajo el inmueble
de la calle Bajada del Colegio de Infantes nº 14,
han tenido por objeto su conversión en un espacio
visitable, mediante su puesta en valor con un
adecuado planteamiento de recuperación de sus
elementos más reseñables. La intervención realizada
por el Consorcio de Toledo se ha centrado en dos de
las salas que forman el baño o hammam : la sala de
ingreso y la sala fría, ya que el resto de las salas
(sala caliente y sala templada) se encuentran
conservadas bajo las edificaciones colindantes.
Están declarados Bien de Interés Cultural y en estos
momentos constituyen uno de los ejemplos más
relevantes de la realidad social, higiénica y
religiosa de la Edad Media en Toledo. |
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Cripta y torre del convento de
Concepcionistas

El convento de la Concepción Francisca se ubica al
Norte del casco histórico de Toledo limitado al
norte por la muralla de la ciudad y frontero con el
desaparecido Miradero; el lado oeste del recinto es
medianero con el alto paredón del Hospital de la
Santa Cruz y la fachada sur da a la palaza con una
pendiente que permite, bordeando los ábsides de la
iglesia, bajar hasta el puente de Alcántara. El
Convento fue fundado en el siglo XV por doña Beatriz
de Silva y, tras muchas vicisitudes, encontró su
ubicación definitiva -la actual- en lo que hasta
entonces era el convento de los franciscanos, cuando
estos se trasladaron a San Juan de los Reyes. Con la
llegada de las Concepcionistas, el convento se
transformó enormemente. Se reformó la iglesia, se
construyó el claustro alto y el lugar tomó tintes
renacentistas que se unieron a los góticos. La
tercera actuación realizada por el Consorcio de la
Ciudad de Toledo en el convento de la Concepción
Franciscana ha tenido por objeto contemplar la obra
de construcción de la cámara ventilada que separa la
fachada del convento del escombro depositado en la
plaza. La creación bajo esta plaza de un espacio
accesible desde la calle, ha propiciado la
generación de un espacio visitable que, sin
interferir en el espacio privado de la vida
conventual, permite un recorrido desde el subsuelo
al exterior del convento, pasando al interior por un
espacio habilitado que desemboca en un antiguo patio
al pie de la torre mudéjar, que ha sido cubierto con
un techo plano de vidrio. Desde aquí se inicia un
recorrido que culmina en un a espectacular cripta
abovedada, cuyo uso originario parece ser el de
servir de panteón, a juzgar por el conjunto de
tumbas de lucillos superpuestos, modo de
enterramiento de época mudéjar, caracterizado por
tumbas de ladrillo cerradas con una cubierta también
de ladrillo. |
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Restos romanos
bajo la calle Alfonso X

Conocidos popularmente en la
ciudad como “los sótanos de Hacienda”, su
descubrimiento tuvo lugar en 1628, según recoge
Julio Porres, con ocasión de la construcción del
actual edificio por parte de la Compañía de Jesús,
pa. En 1918, se produjo su “redescubrimiento”,
cuando el arquitecto de la Delegación de Hacienda,
Álvaro González Sanz, dibujó los restos, realizando
una planta y secciones de los restos arqueológicos,
siendo utilizados entonces como trastero del
edificio.
La intervención, llevada a cabo
en dos fases ha permitido conocer con detalle todo
el complejo constructivo, formado por tres galerías
abovedadas paralelas - la del centro de menor
amplitud- que en su flanco meridional se abren a una
nueva galería transversal, de nuevo abovedada y de
mayores dimensiones que las anteriores.
También se ha podido comprobar
como la galería central del complejo tiene su
continuación en la galería documentada bajo el
hipocausto de las termas de la Plaza de Amador de
los Ríos, por lo que podemos indicar que nos
encontramos ante los restos de la red de suministro
hídrico a un complejo termal de gran entidad, cuya
cronología podríamos fijar a finales del siglo I
d.C.
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Convento de Comendadoras
(El Claustro de la Mona)

Desde que en 1364 Inés García de Meneses fundara el
que habría de llamarse convento de Santo Domingo el
Real, fueron sucediéndose periódicas incorporaciones
de edificaciones y solares, una práctica común a la
mayor parte de los conventos toledanos que les ha
hecho crecer hasta convertirse en pequeñas
estructuras urbanas de complejas asimetrías
arquitectónicas, transformadas con el discurrir de
los tiempos. Uno de los espacios que mejor pueden
ilustrarlo es precisamente éste que ha venido en
llamarse el Claustro de la Mona: el claustro
procesional dedicado a la celebración de las
procesiones del convento En 1935 las monjas
comendadoras de Santiago abandonaron su antiguo
convento de Santa Fe y se establecieron en la zona
del claustro de la Mona y sus aledaños. En el año
del 2004 el Consorcio de la Ciudad de Toledo
acometió una reforma del claustro para frenar las
importantes humedades que ascendían por los
paramentos del claustro y que sin duda habían tenido
que ver en la ya entonces total desaparición de los
arrimaderos. Por suerte, las comendadoras se habían
ido preocupando de recoger hasta el último fragmento
de la cerámica desprendida, metiéndola en cajas de
fruta de madera (algo más de 60) almacenadas en un
cuartucho bajo una escalera. Con todo este material,
que se demostró excepcional tanto desde el punto de
vista estético como histórico, se valoró la
necesidad de su restauración y la de reubicarlo en
su lugar de origen para preservarlo, analizando la
posibilidad de reintegrar las partes perdidas para
recuperar la imagen global del conjunto. Así, en una
segunda fase (entre 2007 y 2008) el Consorcio
decidió abordar la restauración global del claustro,
recuperando el espacio central de huerto e
incorporando la planta primera del convento en el
conjunto claustral. El resultado ha supuesto la
recuperación de un extraordinario conjunto
arquitectónico de finales del XVI —el del claustro
de la Mona—, en el que, si bien la restauración de
la cerámica puede haber supuesto la operación más
llamativa, ésta no se entendería sin la tal vez más
silenciosa pero no por ello menos espectacular del
claustro en su totalidad. Un cinamomo en la nueva
plantación del patio, rinde recuerdo al que sabemos
que existió en tiempos pasados y a la idea de que en
él pudo estar el origen del nombre del claustro. |
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Sótanos de Cardenal Cisneros

Gracias al patrocinio del Consorcio de la Ciudad de
Toledo, dentro de su programa de rehabilitación de
los elementos especiales que contienen las viviendas
del casco histórico, tenemos ocasión de poder
visitar la puesta en valor de los sótanos islámicos
de Cardenal Cisneros, 12. De nuevo, los elementos
con valor patrimonial existentes en este espacio nos
permiten acercarnos al conocimiento de la evolución
histórica del urbanismo y la arquitectura toledana,
en una de las zonas centrales de la ciudad. En
efecto, el espacio, alberga los vestigios
arqueológicos de una primitiva casa islámica de
época califal, de la que subsisten un patio y un
salón, así como los restos de la decoración
arquitectónica de los mismos, consistentes en dos
arcos de herradura, uno de ellos geminado. Esta
primitiva casa se construye sobre el terreno
geológico natural, que, en esta zona presenta un
fuerte desnivel en dirección sur, siendo rellenado
con escombros y restos pertenecientes a fases
anteriores de época romana y visigoda, algunos de
cuyos materiales constructivos, fueron reutilizados
en la nueva construcción islámica. Tanto el patio
como el salón que lo precede en su flanco norte
configuraban en origen la planta baja de este
inmueble, dispuesta a cotas similares que las calles
adyacentes. En este sentido destacaría el hallazgo
de la decoración parietal figurada documentada en el
arco geminado, en cuyas jambas de dispusieron dos
manos de Fátima o hamsa, una de las cuales es
rodeada por tres pájaros de estilizada figura
(seguramente colibríes dada la esbeltez y longitud
de sus picos). Ambos motivos son típicos en el arte
islámico, y presentan un significado de protección y
de rechazo a las influencias malignas, en concreto
contra el mal de ojo (Mano de Fátima) y quizás
funerario (en el caso de los pájaros). Los dos son
motivos decorativos de origen preislámico que
debieron tener una fuerte raigambre popular y que
son, en cierta medida, tolerados por la doctrina
oficial islámica, aunque como en el caso de los
pájaros provengan de un hadiz o tradición oral no
oficial atribuida a Mahoma, en el que se les
identifica como los transmisores de las almas de los
buenos creyentes en su viaje al Paraíso. |
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El pozo de El Salvador

La plaza de El Salvador se encuentra asociada al
edificio conventual de San Marcos, hoy convertido en
centro cultural y archivo municipal. Originalmente,
el edificio se extendía por la plaza actual,
desarrollándose su claustro por este espacio. En el
año 1997 se practicaron unas catas arqueológicas en
la misma plaza y se pudo comprobar la existencia de
un sótano abovedado que estaba colmatado de
escombros parcialmente. Posteriormente, la
excavación arqueológica manual realizada por el
Consorcio de Toledo en el año 2002 descubrió un
sótano abovedado de grandes dimensiones que discurre
paralelamente a la calle Trinidad y que se prolonga
a través de una puerta en dirección a la propia
plaza.
El
Sótano está conformado por dos estancias:
Acceso: Sala rectangular construida en mampostería.
En uno de sus extremos se han conservado las
primitivas escaleras de acceso a la estancia. No se
ha conservado la techumbre abovedada que cubría este
espacio. Es en esta sala en donde se ha implantado
la escalera de caracol que permite el recorrido por
el interior.
Sala principal: Hasta ella se llega atravesando una
pequeña estancia y a través de un hueco de arco de
medio punto de ladrillo. La sala principal es una
estructura compuesta por una bóveda de cañón y una
bóveda semicircular, toda ella construida en
ladrillo. En el centro se aprecia una abertura
cenital en donde se localizaba un brocal de pozo y
que se corresponde, como es lógico, con el depósito
de agua. Un canal de recogida de agua conduce hasta
el mismo punto. La bóveda está construida sobre un
muro de mampostería irregular. Cronología: Con
respecto a la descripción histórica, sólo puede
apuntarse que se ha realizado gráficamente una
superposición de las ruinas de la plaza de El
Salvador con el plano de Ibáñez Ibero de 1882, donde
aparecen las trazas del antiguo convento de San
Marcos, construido en el siglo XVI. En dicho plano
no aparecen datos que evidencien la pertenencia de
las ruinas actuales a dicho convento. Su cronología
puede situarse entonces entre los siglos XII y XIII,
anterior al claustro del convento de Trinitarios que
se extendía por la plaza. En este sótano de la plaza
de El Salvador se expone, en varios soportes
informativos, un discurso que bajo la premisa de
“Ciudad de Aljibes, Fuentes y Pozos” nos introduce
en el mundo del patrimonio hidráulico y de los
sótanos en Toledo. |
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Salones Islámicos

La casa de la que forman parte los dos salones posee
una única entrada por el Cobertizo del Colegio
Doncellas número 2, que da acceso a un patio
central. Los salones estudiados se localizan en
planta baja siendo uno de ellos rectangular y el
otro con forma de tronco de pirámide. Desde un punto
de vista constructivo, la casa cuenta con numerosas
reformas conservando parte de su traza islámica
aunque sometida a sucesivas remodelaciones y
ampliaciones durante la Baja Edad Media, Época
Moderna, Contemporánea y, por último, a finales del
siglo XX, momento en el que se reconstruye la crujía
que da a la calle. El resultado del estudio
arqueológico de este espacio ha permitido comprender
su evolución constructiva y el contexto urbano. En
un espacio de algo más de 100 m2 están representadas
tres fases constructivas diferentes.
FASE I
Se corresponde con un salón de planta rectangular
del que hoy tan sólo se conserva su traza. Este
salón posee un acceso lateral a través de un vano
adintelado, hoy tapiado, del que tan sólo se
conserva una parte del cargadero con uno de los
huecos de la quicialera. A este salón se le asocia
con los restos de una ventana decorada con una
yesería. La cronología propuesta para esta primera
fase es el siglo X.
FASE II
Esta fase se corresponde con la construcción de un
segundo espacio de planta troncopiramidal adosado a
los restos del salón descrito en la primera fase.
Esta pequeña estancia posee un arco decorado con una
yesería y conserva restos de pintura mural que
reproduce caracteres cúficos con fines ornamentales.
Esta fase se fecha entre los siglos XII y XIII. La
yesería del arco angrelado combina escritura cúfica
con elementos decorativos vegetales.
FASE III
Pertenece a la construcción de la edificación
existente en la actualidad que data de los siglos
XIV-XV. En este momento se reutilizan los dos
salones estudiados como establos, se tapian los
vanos originales y se habilitan pesebreras exentas.
En el salón tronco piramidal se abren nuevos vanos y
se divide el espacio en dos plantas mediante un
forjado de madera. En el transcurso de la excavación
arqueológica de este sótano apareció un fragmento de
mocárabe de yeso. La pieza posee elementos
decorativos de tipo floral y geométrico aunque lo
más interesante es la fecha que aún se puede leer en
uno de sus extremos, 1150, que restando los 38 años
que se corresponden con el desfase de la Era
Hispana, lo situaría a inicios del XII, pocos años
después de la toma pactada de Toledo por el rey
Alfonso VI.
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La capilla de San Jerónimo

El 23 de
abril de 1884, la Real Academia de Bellas Artes de
San Fernando solicita al Ministerio de Fomento que
declare Monumento Nacional “una antigua capilla
abandonada que existe en el Convento de monjas de la
Concepción Franciscana y ofrece la singularidad de
tener una cúpula interiormente revestida de
bellísimos azulejos, ejemplar quizá único de tan
rica ornamentación”. Juan Facundo Riaño firma el
informe y en él dice que “tiene un pequeño retablo
dedicado a San Jerónimo”. Hasta la fecha de su
declaración, la capilla había permanecido
prácticamente olvidada, reconocible únicamente por
personajes muy contados: “rebuscadores de las
bellezas artísticas” decía Riaño. Era citada en la
mayoría de las guías de la ciudad del siglo XIX,
pero siempre de forma genérica, sin ahondar en el
valor de su cúpula. José Amador de los Ríos en su
Toledo pintoresca, (1845) se refería a ella como
“una capilla, enteramente abandonada”. Cometió el
error de interpretación que luego arrastraría Riaño
al confundir la iconografía del retablo: “un retablo
consagrado a San Gerónimo”. La misma confusión que
mantuvo bastantes años después (1905) su hijo
Rodrigo en Monumentos arquitectónicos de España, Son
estos errores los que pusieron nombre a la capilla a
partir de su declaración como Monumento. El 19 de
mayo de 1884 una Real Orden declara “Monumento
Nacional la Capilla de San Jerónimo del Convento de
la Concepción Franciscana de Toledo.”
El nombre de
la capilla comenzaba a quedar asentado en el
imaginario como el de San Jerónimo y, así, en la
guía que editara el vizconde de Palazuelos en 1890,
al referirse al convento y detenerse brevemente en
la capilla, lo hace llamándola por el nombre de este
Santo. Es en el año 1929, cuando González Simancas
(Toledo, sus monumentos y el arte ornamental),
manteniendo el nombre de San Jerónimo para la
capilla, identifica correctamente el tema de la Misa
de San Gregorio en la pintura mural: Es este tema de
la Misa de San Gregorio perfectamente acorde con el
repertorio de una capilla funeraria —por su mensaje
sobre las ánimas y la muerte— aunque su
representación no sea especialmente profusa en
nuestra historia. La iconología cuenta la leyenda de
un monje que murió sin que se le oficiaran los
sufragios pertinentes por su alma. Treinta días
después del fallecimiento, estando celebrando misa,
se le apareció a San Gregorio Cristo resucitado para
decirle que si se hubieran celebrado los sufragios
durante ese periodo de tiempo, el alma del monje ya
habría salido del Purgatorio. Se trata por lo tanto
de la justificación de la costumbre de celebrar
durante los treinta días siguientes al fallecimiento
de una persona las llamadas misas gregorianas.
A ambos lados
se representa la anunciación de la virgen, con ésta
en el lado de la derecha y el ángel anunciador en el
de la izquierda (según se mira de frente). Ambas
escenas están especialmente perdidas, sobre todo la
del Arcángel San Gabriel, pero en ellas es posible
aún reconocer figuras como la de una donante. Se
corresponden con la creación de la capilla funeraria
en 1422.Ya desde los primeros textos en los que se
recoge su existencia, se decía que el estado de
conservación era muy malo, entre otras cosas por
tratarse de pinturas al seco sobre yeso.
La
cúpula.

Desde que se
descubren los valores de la capilla en el siglo XIX,
la atracción ejercida por la composición de la
cúpula no ha dejado de proporcionar frases de
admiración, definiéndola como una pieza única de
nuestro patrimonio. El primer estudio editado con
una cierta profundidad es el del arquitecto catalán
Font y Gumá, publicado en 1905: (“No creemos posible
imaginar un conjunto más hermoso ni más
soberbio...cuantas más veces la contemplamos, más
extasiados quedamos ante esta maravilla, a la cual,
dicho sea de paso, no se le ha dado la merecida
importancia, pues por ella sola vale la pena hacer
un viaje a Toledo”.)
Se trata de
una bóveda alboaire (en principio la única
conservada en la Península), cuya palabra viene a
significar el trabajo de una armadura de madera
formando la cúpula, con incorporación de cerámicas
en sus casetones. En nuestro caso no se realizó tal
armadura en madera, pues se imitó estucando el
ladrillo, decorándolo con las líneas que dibujan las
calles y los lazos. Con el tiempo fue perdiéndose la
terminación estucada y policromada que recubría toda
la bóveda en fingimiento de ese entramado de madera
policromada.
La
restauración de esta singular Capilla se enmarca
dentro del proceso de Restauración Integral del
Convento de la Concepción Francisca que el Consorcio
de la Ciudad de Toledo decide acometer en el año
2001. Después de haberse realizado dentro de este
proceso intervenciones tales como: la Restauración
del Patio de Las Palomas, la Restauración de la
Cúpula de la Sacristía, actuación en la fachada Sur
del Convento y cámara de ventilación subterránea de
esta fachada y Puesta en Valor de la Cámara y
Cripta. la Capilla de San Jerónimo presentaba graves
patologías, principalmente en el recubrimiento de
la cúpula e interiormente en el revestimiento
decorativo cerámico de la misma y así mismo en la
función actual de este espacio respecto del conjunto
del Convento.
Partiendo del
conocimiento más profundo de la Capilla, que ha sido
posible gracias al proceso de restauración acometido
por el Consorcio de Toledo, se ha propuesto un
enfoque de la intervención fiel a la experiencia
originaria de este espacio como Capilla anexa a la
nave principal de la Iglesia hoy desaparecida, donde
la percepción y el tratamiento de la luz a través de
la celosía y de la ventana rematada en medio punto
permite una particular visión interior de la Cúpula
vidriada. Se ha buscado con la restauración una
realidad lo más parecida posible a la construida
originalmente, aunque haya habido que valorar los
diferentes momentos de la construcción, y el gran
valor del contenedor y del contenido, que por sí
solos son un foco de interés cultural indudable y
mas dentro del ámbito de este importante Convento
de clausura. Las obras comenzaron en Mayo de 2009 y
finalizaron en Julio de 2010.
El Consorcio
de Toledo ha llevado a cabo la restauración de la
capilla de San Jerónimo con la colaboración de Caja
España y del Ministerio de Fomento (1% Cultural).
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Mezquita del Cristo de la Luz

La mezquita y
Jardines conocidos como del Cristo de la Luz, se
encuentran sobre una vaguada que ha ejercido de vía
natural de acceso a las zonas más elevadas de la
ciudad de Toledo. La cercana puerta de Valmardon (Bab-al-Mardum),
en el sector septentrional del Casco Histórico, ha
sido testigo a lo largo de los siglos de la
evolución urbanística de esta zona.
La historia
del Cristo de la Luz es bien conocida por todos. El
conjunto edificado que se conserva en la actualidad
es el resultado de la reutilización en época
medieval de una mezquita como parte de la nave de
una iglesia. El edificio islámico es el más conocido
tras su restauración a principios del siglo XX. De
planta cuadrada, posee nueve bóvedas ordenadas en
tres naves paralelas distribuidas por cuatro
columnas. En el lado sureste se localiza el muro de
qibla, aunque esta fachada junto con la oriental han
sido severamente alteradas tras la construcción de
la iglesia y, posteriormente, tras la restauración
de 1909. Las otras dos fachadas, orientadas al norte
y oeste respectivamente, son de corte monumental y
se encuentran ricamente decoradas.
El edificio
sería en origen exento. Por la inscripción que se
conserva en la fachada occidental sabemos que la
construcción data del año trescientos noventa (13
diciembre de 999/ 11 de enero de 1000), siendo el
promotor de la obra - Ahmad Ibn Hadidi -, y el
arquitecto, - Musa Ibn Alí (aunque esta traducción
ha sido ampliamente cuestionada).
Tras la toma
pactada de Toledo por Alfonso VI en el año 1085,
comienza la etapa cristiana del edificio. Por las
fuentes históricas sabemos que en 1186, el rey
Alfonso VIII, a través del Arzobispo de Toledo,
Gonzalo Pérez, cedió el edificio a la Orden de los
Hospitalarios de San Juan, bajo la advocación de la
Santa Cruz.
Durante la
excavación arqueológica previa a las intervenciones
de rehabilitación se produjo el descubrimiento en la
explanada norte del Cristo de la Luz de una vía
monumental romana formada por grandes losas de
granito. Esta vía discurriría en dirección norte a
sur atravesando parte de la planta de la Mezquita.
Esta vía, única en Toledo de estas características y
una de las más importantes de las descubiertas en
España, posee una anchura de cinco metros y, bajo
ella, en su eje central, discurre una cloaca. Dicha
cloaca es continuación de la de Valmardón, siendo su
fábrica de opus caementicium, salvo en la cubierta,
que utiliza las losas de la vía, siendo por tanto
plana.
El Consorcio
de Toledo, dentro del Programa de Patrimonio
Monumental, decidió abordar la rehabilitación de
este importante monumento en enero del año 2006. El
Proyecto y la dirección de las obras fueron
encargadas al arquitecto Francisco Jurado.
Dado que el
subsuelo del edificio representaba el problema más
grave, por el efecto que el agua provocaba en sus
cimientos (recordemos las humedades crónicas que se
percibían en el solado del interior de la mezquita),
gran parte de los medios económicos se destinaron a
los trabajos de arqueología, que fueron dirigidos
por los arqueólogos Arturo Ruiz y Raúl Arribas.
Sabiendo que
la cloaca romana, que se aprecia extramuros debajo
de la puerta de Bab al-Mardum, pasaba por debajo del
edificio, se pretendía, ya desde el proyecto,
desviar a ella toda el agua que afectaba a las
fundaciones de la mezquita.
Buscando esta
cloaca apareció, en enero de 2007, el impresionante
pavimento romano de la calle asociada a la misma,
calle que, efectivamente, pasa por debajo de la
mezquita. La cloaca se ha excavado, restaurado y
puesto en servicio hasta su salida extramuros, casi
50 metros de restos romanos de la etapa
alto-imperial (siglo I d.C.) que hoy pueden ser
contemplados.
En lo que
respecta al propio edificio de la mezquita, por el
exterior se han restaurado sus fachadas así como la
inscripción fundacional y, en su interior, se ha
intervenido únicamente en la zona islámica,
restañado fisuras y agrietamientos, donde se ha
procedido a una limpieza y consolidación de los
revestimientos de yeso de modo que, los paramentos
que hoy se perciben, son los originales del siglo
X.
En lo que se
refiere a subsuelo del interior, se ha llegado hasta
el terreno natural mediante excavaciones
arqueológicas, recuperándose los niveles originales
más bajos del pavimento y dejando bóvedas ventiladas
que permiten una completa aireación en contra de las
peligrosas humedades.
Bajo el ábside
se han descubierto unas interesantes estructuras
excavadas en la roca, presumiblemente de la etapa
romana paleocristiana (s. III d.C.), que se han
dejado a la vista con un cerramiento de vidrio,
acorde con la significación cristiana de este ábside
del s. XII.
Finalmente, el
encaje de todos los restos y estructuras que se
dejan a la vista y la mejora de los accesos al
conjunto, propició en su momento la construcción de
una pequeña edificación de cristal que ha resuelto
la contención de tierras del jardín y funciona como
pequeño centro de interpretación del conjunto.
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Sala capitular del monasterio
de San Clemente

Uno de los
Monasterios más grandes e importantes de Toledo, El
Imperial Monasterio de San Clemente debe su
fundación a Alfonso VII, llamado el Emperador, cuyo
hijo Fernando está enterrado en la iglesia. De ahí
su título de Imperial. Es el convento más antiguo de
la ciudad de Toledo y se sabe que existía en el año
de 1131. A través de los siglos el convento recibió
numerosas donaciones y favores de los reyes,
consolidando su importancia en la ciudad.
Es a lo largo
del siglo XVI cuando se realizan las mayores obras
en el convento. Se sabe que fue en su totalidad y
una de las referencia es el cambio de ubicación de
la iglesia, que suponíamos perpendicular a la
actual, antes de la construcción del claustro
actual. Es en 1534, cuando Alonso Covarrubias,
concierta con la abadesa la reforma, donde se
compromete a tirar la anterior y respeta pocos
elementos decorativos de las anteriores épocas.
Hoy podemos
ver la puerta de acceso desde la calle realizada por
Alonso de Covarrubias con el mejor estilo
renacentista del momento. En el año de 1556 un gran
incendio quemó parte del convento y los bienes
muebles y de culto de la iglesia.
Es en el año
de 1562 cuando los hermanos de Francisco de
Villalpando (+1561), autor de la reja del
presbiterio de la Catedral, reparan parte de los
desperfectos. Hoy podemos admirar, lo bien que se ha
conservado su arquitectura, a pesar de los grandes
desperfectos que provocó la guerra civil del año
1936, que destrozó las bóvedas del coro y las
intervenciones del siglo XVIII realizadas por
mandato del Cardenal Lorenzana (1722-1804).
El centro de
este gran convento está regido por dos patios
principales. Uno, el más importante, corresponde al
claustro de procesiones en torno al cual se organiza
la vida litúrgica del Monasterio. En un lateral,
paralelo a la calle de San Clemente se encuentra la
iglesia, a cuyos pies se abre el coro de grandes
proporciones y que da una idea de la importancia que
tuvo esta Comunidad religiosa. Conectada al ábside
por una ventana se encuentra la Sala Capitular.
De planta
cuadrangular, la Sala se encuentra elevada respecto
al claustro, a la misma altura que el ábside. Esta
diferencia de cota junto a la altura del techo,
añade dramatismo a la visión del frente de la sala,
formado por el altar cerámico coronado por un Cristo
de gran belleza sobre un fondo pictórico de
Jerusalén, todo ello contenido por un retablo
dorado. La Sala se configura en torno al altar, con
un estrado perimetral de azulejería donde se sentó
la Comunidad que se completa con los sillones
cerámicos de la Madre abadesa y la Madre priora.
La sala
capitular tiene uno de los conjuntos de azulejos más
importantes de Toledo. En “El Mudéjar Toledano:
Palacios y Conventos”, Balvina Martínez Caviro
describe el solado, considerado uno de los solados
de lacería Toledanos mejor conservado:
“La solería es
una compleja composición geométrica de lazo formada
por azulejos de cuenca que destaca sobre el fondo de
losetas de barro cocido sin vidriar. La lacería va
formándose con una cinta de azulejos que origina
diversas figuras, especialmente cuadrados y grandes
octógonos, rellenos de azulejos geométricos de
variadas composiciones estrelladas. La alfombrilla
lleva como remate una cenefa de azulejos
seudoepigráficos. En los espacios intermedios van
olambrillas geométricas y de cetrería .
Destacan
asimismo el altar y los sillones cerámicos, que
Balbina Martínez Caviro describe:
No hemos
visto en ningún otro de los conventos toledanos
visitados, sillones de azulejos como los de San
Clemente. Se conservan tres, de forma análoga, con
respaldo de medio punto y brazos curvos, uno en el
zaguán de la clausura y dos en la Sala Capitular.
Por el tipo de azulejos empleados se hicieron
indudablemente en el silgo XVI, siendo aquéllos de
dos técnicas, de artista y pintados sobre
estannífero.
El respaldo de los dos sillones de la Sala Capitular
está formado por azulejos decorados con estrellas de
ocho puntas, buscando la impresión de relieve y
profundidad, tendencia típicamente renacentista. El
asiento y brazos de uno de ellos, rehechos con
fragmentos, se cubren de azulejos de arista
polícromos, de tema estrellado, floral y heráldico,
propios del siglo XVI. Los azulejos del otro sillón
ostentan el característico dibujo talaverano de
flores desarrolladas en cuatro piezas, muy difundido
desde que los hornos de Talavera de la Reina
hicieran la misma decoración para el Monasterio de
El Escorial. Similar a éste es el sillón del zaguán.
El alfarje
policromado complementaba junto con los cuadros y
pinturas murales el frente del altar, convirtiendo
este espacio en luminoso rico en color, en contraste
a como se encuentra antes de la restauración.
El retablo,
que pudo ser reutilizado, está colocado para ser
visto desde la entrada del claustro. Esta entrada
tuvo una especial importancia, como se constata
gracias a las catas realizadas por Antonio Sánchez
Barriga con una donación de WMF en el 2007. Se
descubre la antigua decoración de la entrada a la
sala capitular. Aparecen yeserías de lazos sobre
fondo azul, con pinturas de tema floral a los lados.
En estas yeserías, y a su izquierda. En la parte
superior aparecen guirnaldas pintadas junto a lazos
rojos, así como una inscripción en la que por ahora
sólo se puede leer: “DICAMUS DOMINO LAUS.”
A la derecha
de la puerta Aparecen pinturas representando motivos
florales muy similares a los que aparecen en la
antesala de la sala capitular de la Catedral Primada
de Toledo. El principal es un huerto alegoría de la
Virgen con árboles frutales, pájaros, una maceta con
claveles y un jarrón del que sale un árbol frutal.
Las pinturas murales con decoración vegetal de la
Catedral son atribuidas a Luis Medina, Diego López
y Alonso Sánchez, según las trazas que realizó en
1511 Juan de Borgoña.
La portada de
yeso en estilo mudéjar y comienzos del Renacimiento,
llamado también estilo Cisneros, es obra del maestro
Pablo y el escultor Blandino Bonifacio.
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HORARIO
Visitas GRATUITAS Y GUIADAS a diversos monumentos, yacimientos arqueológicos y otros lugares de interés que han sido recuperados por el Consorcio de la Ciudad de Toledo y que llevaban años, en algunos casos siglos, sin poder ser visitados.
HORARIOS *
MARTES
11:00 h. Iglesia, Mezquita y Pozo de El Salvador
19:00 h. Iglesia, Mezquita y Pozo de El Salvador
MIÉRCOLES
11:00 h. Convento de Santa Isabel y Convento de Comendadoras
19:00 h. Iglesia de San Sebastián y Baños Islámicos de Tenerías
JUEVES
11:00 h. Termas Romanas y Sótanos Islámicos de Cardenal Cisneros 19:00 h.
Restos Romanos bajo la Delegación de Hacienda y
calle Alfonso X y Nuncio Viejo, 19
VIERNES
11:00 h. Cripta y Capilla de San Jerónimo del Convento de Concepcionistas
19:00 h. Baño del Ángel y Salones Islámicos de Cobertizo de Doncellas
SÁBADO
11:00 h. Mezquita del Cristo de la Luz
19:00 h. Ruta 1: Baños del Caballel y del Cenizal
Ruta 2: Casa del Judío
DOMINGO
11:00 h. Torre de San Román y Sala Capitular del Convento de San Clemente
TODOS LOS DÍAS* De 12 a 14 y de 17 a 19h. Cuevas de
Hércules [entrada libre]* Excepto domingo y
lunes
* Del 1 de octubre al 31 de mayo todas las rutas de tarde serán a las 17:30 horas.
Más información sobre las Rutas y reserva de días y horas
CENTRO DE GESTIÓN DE RECURSOS CULTURALES DEL CONSORCIO DE TOLEDO
El horario del CENTRO DE GESTIÓN DE RECURSOS CULTURALES del Consorcio de
Toledo, instalado en las Termas Romanas de la
Plaza de Amador de los Ríos, es el siguiente:
Martes a sábados: de 10 a 14 y de 17 a 21 horas
Domingos: De 10 a 14 horas
Lunes: cerrado
Teléfono: 925 25 30 80
Fax: 925 21 02 27
e-mail: termas@consorciotoledo.org
El Consorcio se reserva el derecho de modificar horarios y rutas en función
de las operaciones de mantenimiento que sean
necesarias.
RESERVAS ON-LINE
Es obligatorio rellenar todos los campos del formulario.
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