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La Torre de San Cipriano

   La Iglesia Parroquial de San Cipriano, llamada también de San Cebrián, fue una de las primitivas fundaciones de Toledo. En 1125 la iglesia se cita como parroquia latina, aunque se piensa que en origen pudo ser mezquita, pues lo sugiere su disposición, precedida por un patio, que después se utilizó como cementerio.

   Entre los años 1612 y 1613 la iglesia sufre una gran transformación y es don Carlos Venero y Leyva, canónigo de Toledo y capellán de Reyes Nuevos, quien promueve las obras. Las trazas del nuevo proyecto correspondieron a Juan Bautista Monegro, siendo el alarife Juan de Orduña.

   Las obras consistieron, principalmente, en alargar y engrandecer la iglesia primitiva, ya que esta debía tener unas dimensiones muy reducidas. En 1662 se volvió a modificar la cabecera del templo, cuando se incorporó el camarín de la Virgen de la Esperanza.

   Las siguientes obras se produjeron a principios del siglo XVIII, entre 1702 y 1708, afectando a la techumbre de la nave principal y a la torre.

   Nuevamente, en 1794, se hicieron, según afirma Rafael Ramírez de Arellano, obras en la torre por el maestro José Ignacio García y obras en la iglesia.

   A pesar de los escasos datos existentes sobre la torre, lo que queda patente es que se trata del único elemento mudéjar visible que permanece en la actualidad de la primitiva iglesia.

   De reducidas dimensiones, si la comparamos con las torres mudéjares de San Román o Santo Tomé, responde a la clasificación establecida por Torres Balbas, entre las que se situaría por antigüedad detrás de la de la iglesia de Santiago del Arrabal (1256) y junto a la de San Lucas.

   Situada junto al acceso lateral del templo (nave del Evangelio) hoy unida a él por las ampliaciones anteriormente expuestas, su colocación original exenta recordaría a los alminares omeyas.

   De plata cuadrada, consta de tres cuerpos claramente diferenciados. En primer lugar, un cuerpo alto de mampostería con hiladas de ladrillo y esquinales en este mismo material. Presenta en cada cara un arco de herradura apuntado enmarcado por alfiz, sirviendo de iluminación a la escalera. Sobre este cuerpo una faja entre dos impostas con decoración de arquillos polilobulados cegados y que eran visibles parcialmente por la pérdida del revoco.
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